Los seres humanos nos dejamos guiar por nuestros sentidos, de eso no hay duda. Tocamos el frío metal y lo encontramos distante de nuestra naturaleza. Las líneas rectas nos son ajenas, acostumbrados a la armonía de las curvas. Los ojos vacíos son un signo de no vida, de muerte o demencia. Y si alguna vez los robots pretenden ganar nuestro corazón, ser uno más en nuestras vidas, deben estar de acuerdo a nuestros estándares de humanidad. Tatsuya Matsui lo sabe, y para eso trabaja.