Todas las historias tienen un comienzo, y la
historia de Atari no es la excepción, pero no todas tienen un final. El final de ésta todavía no ha acontecido (aunque muchos opinan que ya es tiempo de que así sea). El comienzo, sin embargo, es algo que nos embarca años y años atrás en el pasado. Y, aunque cueste creerlo, no comienza con sus principales protagonistas, sino con un
estudiante de la MIT.