El primer Bioshock nos sorprendió por su mezcla de RPG con FPS, pero sobre todo por la increíble (y peor aún, creíble) ciudad llamada Rapture. Sin mencionar los excelentes personajes que la habitaban. Diez años luego de los sucesos ocurridos, en Bioshock 2 volvemos a sumerjirnos, esta vez en las botas de un Big Daddy. Y, para sorpresa de nadie, las cosas no han cambiado para nada. Todos siguen locos como siempre y buscan matarte, pero esta vez, tú tienes el taladro.