Los países desarrollados generan miles de toneladas de basura tecnológica cada día. En medio de una carrera (para algunos sin sentido) impulsada por la publicidad y los intereses de un puñado de empresas, cada pocos meses cambiamos nuestra consola de juegos, teléfono móvil, ordenador, TV, etc. Una cantidad enorme de componentes electrónicos va a parar a la basura.