Compras un coche rojo porque es el color que te parece más cool. Pero a los pocos meses descubres que si hubiese sido negro (o verde, o blanco o de cualquier otro color) te hubiese gustado más. Por supuesto, no puedes cambiar de coche cada dos meses, ni pintarlo cuando se te ocurra. Pero si podrás comprar un Nissan cuyo color puedas elegir cuantas veces se te ocurra.