En los últimos doce meses guardé —en el iPhoto de la Mac— once mil cuatrocientas veinticuatro fotografías. Yo creo que el ochenta y siete por ciento de esas imágenes son una reverenda mierda de fotos, pero las guardo lo mismo. ¿Para qué borrarlas, qué sentido tiene si el espacio sobra, si no cuesta nada mantenerlas? Las guardo, en realidad, porque tengo el trauma de haber tenido una Polaroid en la infancia.