La vida sedentaria de los últimos diez años, el auge paulatino del teletrabajo y la virtualización de costumbres que antes requerían del esfuerzo físico (pagar impuestos, visitar amigos, dirigirse al cine) comienza a generar una creciente comunidad de frikis culones, barrigones y cabezones. Sin embargo, la sociedad no distingue la inteligencia de esta fauna y los señala como gordos imbéciles en bermudas. El autor de este artículo (un gordo imbécil en bermudas) se queja de esta tendencia.