Con esta espeluznante frase se resume el gravísimo suceso perpetrado contra un ciudadano que, si se confirma, convertiría a la SGAE en una organización sospechosa de prácticas delictivas. Presuntamente, varios miembros de la asociación allanan un domicilio particular sin orden judicial e intimidan al dueño de varias páginas web para registrarle y decomisarle sus ordenadores, todo ello, insistimos, sin permiso del juez.