En vida no puedes ir. Ver la Tierra desde el vacío espacial, dicen, es una de las experiencias más asombrosas y conmovedoras. Pero, como seguramente lo sabes ya, una compañía estadounidense ofrece un extraño servicio post-mortem. Por una buena suma, pone en órbita un poquito de tus propias cenizas. Así que mientras tu alma flota tenuemente entre las estrellas, integrándose al conocimiento final, tu viejo y castigado cuerpecillo también trasciende la vida mundana. Finalmente, algunos años o cientos de años más tarde, volverá a la superficie en una brillante estrella fugaz, consumiéndose para siempre.