Desde luego, hay que tener un humor muy negro para publicar un artículo de esta ralea en plena fiesta de año nuevo pero es que me atraganté con la uva número 13 y estos son los resultados. Porque, seamos sinceros, no podemos evitarlo. El morbo de fenecer en plan épico nos subyuga. Cada cierto tiempo aparecen predicciones catastrofistas que ponen fecha al final de la humanidad, cuando no al planeta entero. Si me pagaran un euro por cada vez que han pulverizado al ser humano de modo cataclísmico, ahora sería millonario. Eso sí, prefiero ser pobre y seguir viendo la luna cuando me acuesto y el sol cuando me levanto (a veces al contrario).