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Por: Tomás García
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viernes, 27 de junio de 2008
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En 2005 Atari anunció un nuevo desarrollo en la saga Alone in the Dark. Prometieron muchas cosas que parecían muy innovadoras en su momento, y hasta nos emocionaron con miles de videos a algunos días de la salida. Ahora bien, luego de tres años de desarrollo, ¿podrá Alone in the Dark 5 hacer justicia a tanta promoción?
En esta nueva secuela, Eden Games (compañía desarrolladora), vuelve a colocarnos en los pies del viejo Edward Carnby, aquel que conocimos en el primer Alone in the Dark. Al inicio del juego el personaje despierta en un edificio en llamas con un severo caso de amnesia (vale aclarar que este Carnby no se parece al anterior ni en los zapatos). Y como si todo eso fuera poco, la ciudad comienza a caerse a pedazos (literalmente) a su alrededor, y todo indicaría que el centro del problema se encuentra en el Central Park.
Una de las promesas más importantes, y que más nos interesaba ver en acción, era la posibilidad de abrirnos camino a través de los problemas utilizando los objetos que teníamos en el inventario con nuestro alrededor. Lamentablemente esto no funciona tan bien como esperábamos, principalmente porque no hay mucho que nosotros podamos decidir. La solución de los puzles es muy lineal y lo que hay que hacer a continuación es bastante obvio cuando justo antes de llegar a esa parte encontramos tirados por ahí todos los elementos que necesitamos para solucionar el problema. Hubiese sido más entretenido tener que pensar cómo utilizar los muchos elementos en el inventario y hacer diferentes soluciones para un mismo problema. Sin embargo, esto sí se puede ver un poco llegando al final del juego.
Matar zombies con rastrillos no es la mejor de las ideas.
Si este Carnby es el mismo de los primeros juegos, entonces nos caía mucho mejor cuando no hablaba y estaba hecho de polígonos cuadrados. A diferencia del personaje anterior, que tenía un aspecto sofisticado con aires de inteligencia, el Carnby presentado aquí parece más un cuarentón inmaduro. Con su campera de cuero, su aspecto de chico malo y el tic constante de maldecir cada vez que abre la boca. No nos malinterpreten, no tenemos nada en contra de los insultos, es más, nos gusta agregarle picante a nuestras comidas, pero en este caso es algo tan repetitivo que en vez de quedar como un juego para adultos, parece una película de terror para adolescentes de mala calidad.
Como hizo en su momento el primer Alone in the Dark, el presente, trae un inventario muy innovador al que se puede acceder en tiempo real. La idea de ingresar al inventario en primera persona viendo el interior de la chaqueta de Carnby es más que admirable. Para empezar, nunca se ha hecho antes, es real, y limita el espacio de las cosas que podemos llevar de la manera que cualquier survival horror lo haría. Hasta ahí todo bien. El problema está en que la implementación es bastante torpe. Por ejemplo, imagínate la siguiente situación: Te encuentras en unas cañerías llenas de cables sueltos que tiran chispas mientras se balancean de un lado a otro. Caminas por un pasillo largo, y al doblar la esquina te topas con cuatro zombies mirando fijo a tu delicioso y vitamínico cuerpo. En ese exacto momento se te ocurre utilizar alcohol con una caja de municiones, lanzarla y dispararle mientras recorre el espacio entre tú y tus enemigos. Es una excelente idea, pero ya que no puedes seleccionar primero la caja de balas, y sí la botella de alcohol, pierdes minutos preciados que pueden costarte mucho.

Sigue lo negativo y llega lo positivo

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