Chips de madera para ordenadores, lo último en fabricación

El desperdicio electrónico es uno de los problemas más serios que el mundo debe enfrentar, no sólo desde un punto de vista ambiental, sino también económico. Además de los cortos ciclos de actualización que poseen los dispositivos actuales, también está la ausencia de biodegradabilidad en sus componentes. Sin embargo, un grupo de investigadores estacionado en la Universidad de Wisconsin-Madison quiere cambiar eso con un chip semiconductor hecho en su mayoría de madera.

Uno de los canales que más sigo en YouTube pertenece al usuario Maxxarcade, quien se dedica a reparar máquinas recreativas como actividad principal, pero que también hace regresar de las tinieblas a toda clase de artefactos, incluyendo amplificadores, ordenadores y monitores. Su último rescate fue un televisor de 32 pulgadas arrojado a la basura. ¿El problema? Un diodo que había entrado en corto. Algún genio intergaláctico decidió tirar un televisor entero por un diodo que debe costar 50 centavos de dólar. Esta es apenas una de tantas situaciones que alimentan el conflicto del desperdicio electrónico. Por otro lado, tampoco debemos olvidar la influencia de la obsolescencia programada. Los fabricantes quieren exactamente esa clase de comportamiento, y hacen todo posible (incluyendo doblar una ley o dos) para que descartemos «lo viejo y lo roto» y salgamos corriendo a la tienda. Otro aspecto a considerar es que los componentes no son biodegradables. Los químicos utilizados en su fabricación pueden permanecer durante décadas en un lugar, contaminando suelo y agua por igual.

Chip madera
Los hongos cubren a la celulosa en 60 días

 

Un nuevo estudio publicado por un grupo de investigadores bajo el ala de la Universidad de Wisconsin-Madison reporta que es posible añadir una capa de biodegradabilidad a los chips semiconductores utilizando madera. Técnicamente, el nuevo sustrato está formado por fibras de celulosa a escala nanométrica, mucho más pequeña de lo que podemos apreciar en algo tan común como un trozo de papel. La utilización de madera como sustrato es de gran importancia porque en la fabricación de un chip convencional, la mayor parte del material no es más que soporte, mientras que el resto del diseño necesita unos pocos micrómetros nada más. Una vez que entra en contacto con el medio ambiente, el chip inicia su descomposición como una pieza de madera cualquiera, atacada por hongos.

Los dos desafíos principales que surgen al utilizar madera son compresión y expansión asociada a la humedad. Para reducir ambas posibilidades, los investigadores aplicaron una capa de epoxy en la superficie de la celulosa, que al mismo tiempo le da la suavidad suficiente para trabajar sobre ella sin problemas. El epoxy tal vez demore el proceso de biodegradabilidad un poco, pero las alternativas son definitivamente peores. La toxicidad del arseniuro de galio está bien documentada, las iniciativas de reciclaje son muy lentas o enfrentan trabas burocráticas, y lo cierto es que cada vez arrojamos más electrónica al cesto. Nadie sabe con seguridad si este método llegará al mercado, pero la idea de un chip biodegradable ciertamente no cae mal.

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