Páginas: Los primeros 1000 añosLa eternidad
Imaginemos por un momento que, por alguna razón, cada ser humano sobre la Tierra desapareciera. ¿Podría el planeta recuperarse de los cambios que le hemos efectuado? ¿Dejaríamos algún tipo de marca que perdure durante siglos? The History Channel ha elaborado un documental que trata este interesante tema, y en NeoTeo lo usamos como punto de partida para este artículo.
A los mil años de nuestra desaparición, prácticamente no habrá huellas de nuestro paso por la Tierra. Por supuesto, la estructura semiderruida de algunas represas, las pirámides, la Muralla China o el Monte Rushmore (en EE.UU.) seguirán siendo reconocibles, pero las grandes ciudades que hoy nos maravillan y los pequeños pueblos en que nos gusta vivir, habrán sido victimas de la podredumbre y la corrosión, sirviendo de base para los bosques los cubrirán. Centenares de ríos y arroyos cuyos, causes se desviaron o entubaron para no molestar en las ciudades, habrán recuperado sus antiguos cauces.
Diez mil años más tarde, un lapso de tiempo que es solo un parpadeo en la escala cósmica, solo un arqueólogo con mucha experiencia seria capaz de reconocer la mano del hombre en algunos restos que, eventualmente, pueda desenterrar de entre la maleza. Pensemos que estructuras como las pirámides mayas, totalmente construidas en piedra y mucho mas “jóvenes”, han sido duramente castigadas por el paso del tiempo. De hecho, la mayoría de las que vemos en fotos o documentales han sido reconstruidas de una u otra manera.
Es posible que la última obra del hombre que desaparezca de la Tierra sean sus plásticos. Salvo que aparezca alguna bacteria capaz de devorar polietileno, nuestros envases descartables estarán aquí incluso un millón de años después de nuestra partida. Incluso los residuos de las centrales nucleares irán neutralizándose, y en unos pocos millones de años serán indistinguibles de la radiación natural.
Resulta sorprendente que nuestra civilización, de la que estamos a veces orgullosos y a menudo espantados de sus consecuencias, sea incapaz de ser descubierta con facilidad solo unos pocos siglos después de que hayamos desaparecido de la faz de la Tierra. La mayoría de nuestras cosas están construidas para ser efímeras, y resulta hasta vergonzoso que los antiguos egipcios hayan sido mejores constructores que nosotros. Según parece, la Tierra estaría mejor sin nosotros.