¿Cuando llueve Internet te funciona más lento o se corta? ¡Esta es la razón!

Sean inalámbricas o por cable, varias conexiones se rinden ante el clima

A pesar de todos los avances y las optimizaciones disponibles, muchos usuarios viven en carne propia las dificultades técnicas asociadas a eventos climáticos como lluvias y tormentas. Los motivos exactos dependen del tipo de servicio, pero básicamente se reducen a la acción de una de las enemigas más brutales que debe enfrentar la electrónica, y la tecnología en general: La humedad.

Imagina una lluvia intensa. El agua parece una cortina, la visibilidad se reduce drásticamente, y el viento le da aún más fuerza. Si sacas el móvil y tratas de hacer una llamada en ese momento, existe la posibilidad de que el servicio haya desaparecido por arte de magia. Otras personas sufren algo similar con el suministro eléctrico, la televisión satelital… y la conexión a Internet. Cada vez que como usuarios y consumidores desarrollamos cierta idea de «estabilidad» en nuestros servicios, el clima se ríe a carcajadas y arroja toda su hostilidad. Sin embargo, a veces es suficiente con una simple llovizna para dejar de cabeza nuestro acceso Web. ¿Quién tiene la culpa?

La humedad en el aire disminuye la calidad de una señal… pero en ocasiones simplemente cae demasiada agua en muy poco tiempo

La versión corta nos dice que es la humedad. La versión larga requiere separar los problemas de conectividad de acuerdo al tipo de servicio. Si nuestro enlace a Internet es inalámbrico, la propagación de ondas de radio se ve afectada por el contenido de humedad en el aire, lo que incrementa la atenuación, reduce el alcance y el ancho de banda disponible. Cuanto más alta es la frecuencia, mayores son los efectos. Por supuesto, los ingenieros han diseñado a las antenas y los sistemas de transmisión teniendo estos detalles en cuenta, pero poco pueden hacer sus poderes de anticipación cuando la lluvia es una verdadera catarata. Si a esto sumamos el viento, los falsos contactos en el cableado debido al movimiento, y la posibilidad de que las antenas pierdan su correcta alineación, todo lo que nos queda es reconocer que Internet se va a cortar.

La humedad puede acentuar problemas ya existentes, como la corrosión en conexiones domésticas

La humedad también tiene la capacidad de colocar presión sobre ciertos eslabones débiles de la infraestructura tradicional. En primer lugar, humedad equivale a corrosión, y si las cajas de terminación o los cables (¡incluso los de nuestro hogar!) se encuentran en mal estado, hasta un chaparrón puede causar intermitencia. Después aparecen las interrupciones en el suministro de energía. Tanto servidores como repetidores necesitan electricidad, y eso es lo que me suele afectar a mí durante el verano: El proveedor de Internet no falla, pero el distribuidor eléctrico sí. El último factor que voy a nombrar no es otro más que el cambio en el comportamiento de los usuarios. La lluvia hace que nos quedemos en casa, entremos a Netflix o YouTube, descarguemos un juego en Steam… creo que se entiende. Si el número de usuarios aumenta cuando el estado general de la conexión es endeble, el resultado es una reducción en la velocidad, o un corte completo.

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