Cuando los memes atacan

Cuando los memes atacan

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Lo que es un chiste para uno puede ser un insulto para otro, y si bien se le puede pedir a la sociedad una mayor madurez a la hora de separar lo que se dice con malas intenciones de lo que se dice con la mera intención de reír, en última instancia es la víctima de una burla quien da la connotación final a las palabras de alguien, encontrándose con un sentido que le hiere, aunque la idea original no lo quiera. Esto sucede con muchos memes, comentarios y contenido en internet, que en pos de una risa fácil, olvidan que quienes son protagonistas de los mismos también son humanos. El ciberbullying, la imposibilidad de parar un meme, la ambigüedad de la ley, la inerme situación de las víctimas y el humor a costa de otros puestos en cuestionamiento, en un caso único pero que es reflejo de muchos. 

Los memes de internet han demostrado ser más que un concepto de biogenética trasportado a la sociedad red, transformándose en un grupo de expresiones regulares que se utilizan como plantillas para hacer chistes. Entre algunos de los más afamados tenemos a los que, según Know Your Meme, se denominan Advices Animals o Images Macros (imagen con un humano o animal de ciertas características, en distintas poses y con mensajes en forma de texto que refieren a un tipo de pensamiento). Uno de los más conocidos es Scumbag Steve, pero también tenemos a Bad Luck Brian, Suspicious Girl, Overly Attached Girlfriend y muchísimos más. Entre ellos, muchos han logrado tener sus 15 minutos de fama, aunque sostenidos en el tiempo como “figuras menores de internet” (uff. Las cosas que hay que escribir). 

El hecho de ser inmortalizado en un meme es tomado a bien por decenas, sufriendo o no sus consecuencias. Sin embargo, hay muchas personas que ven en esto una ofensa o una oportunidad para que sus vidas se deterioren en relación a las burlas que reciben. Y cuando esta preocupación está dada porque quien es sujeto de burlas tiene una condición física no buscada, la sensibilidad del asunto se manifiesta y hay que poner la oreja para escuchar a quienes son afectados. El origen del caso se remonta a que la “cultura de internet” ha hecho famoso a un chico llamado Adam Holland, quien se ha convertido en un meme en el que la burla es  básicamente su Síndrome de Down. En el meme -surgido en 2006- se puede ver al chico en una fotografía de 2004 cuando tenía 17 años mientras sostiene una hoja con un dibujo y un mensaje para su equipo favorito de fútbol americano, los Tennessee Titans. Como es habitual cuando se encuentra una fotografía de alguien que puede ser usado como sujeto para burlas, la imagen se difundió en la red utilizando a la hoja de papel blanco como pizarra en el cual los usuarios ponían mensajes, especialmente ofensivos acerca de la condición médica de Adam Holland. 

No sólo la falta de originalidad de la recurrente broma sobre el síndrome de Down llamó la atención entre los medios últimamente, sino también la presentación de los padres de Adam Holland en diferentes juzgados, intentando realizar demandas millonarias a 3 diferentes personas responsables de su difusión. Una de ellas era el conductor de una radio que presentó la imagen en su blog en la sección “Noticias retardadas”, a un usuario de Flickr y a Dave Brown, dueño de un sitio de generación de memes por usar, editar y difundir una fotografía de su hijo sin su consentimiento. Cuando el caso llegó a la televisión y a los medios de gran tiraje, la discusión nación se estableció en todos los ámbitos. 

Tomando en cuenta la propia declaración del abogado de la familia Holland, quien dijo: “Lo que se hizo aquí fue realizado con malicia, al menos por parte de algunos de los acusados, que adscriben y usan malas palabras, además de declaraciones despectivas que degradan y deshumanizan a este joven.”, se puede comprender que la carátula de la acusación va desde la difamación hasta la discriminación directa, que habría provocado stress emocional al chico y a su familia. Aquí es donde el caso se torna complejo, pues si bien el chiste es ofensivo y nulamente creativo, la culpabilidad civil está en cuestionamiento porque demostrar la mala intencionalidad es demasiado intrincado debido a la Primera Enmienda, que indica la libertad de opinión y expresión, concepto subjetivo y ambiguo de conocido historial. El problema, según indica un especialista en leyes en el contexto de internet, es que la difamación está presente constantemente en internet, lo que pasa es que no todas las personas difamadas tienen el tiempo, el dinero y la voluntad para afrontar los costos de un juicio para demostrar la maldad detrás de esas acciones en su contra. 

Al no ser un hecho novedoso (vale recordar el caso de Heidi Crowter, también relacionado con el síndrome de Down),la palabra de varios expertos en derecho informático y en las áreas humanas de la comunicación a través de internet, expresa que en teoría todo hecho de difamación puede ser juzgado, así sea en una carta que llega a la persona, una expresión verbal o un comentario en internet. De hecho, reproducir un comentario difamatorio también puede ser penado, y no sería la primera vez que estemos ante un fallo favorable ante la parte acusadora. El problema que surge con esto es que si bien la falta a la ley puede ser probada, la causa del mismo puede seguir vigente, generando daños al reproducirse.

Echar hacia atrás un meme es casi imposible, porque el poder de réplica es demasiado poderoso y está mediado por miles de personas con la posibilidad de volverse anónimos en dos clics. De esta manera, la víctima puede tener un fallo favorable si la acusación se prueba en todas las instancias pertinentes, pero la justicia quedará remanente pues el mismo medio en el cual se da el delito propicia su reproducción ad-infinitum. Todavía sin herramientas que puedan hacer confluir el derecho a expresarse libremente y el derecho a no ser objeto de burlas y discriminación, la pregunta que queda -creo- la tiene que hacer el propio usuario cada vez que es parte pasiva o activa de un hecho que puede tener consecuencias para otros. Claro, darse cuenta de esto es trabajoso, pues el mar de contenido que circula ante nosotros es demasiado basto. 


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Autor: Nico Varonas