por: F. Figueroa Fagandini
Cualquiera que conozca el negocio de la industria musical tiene un mapa mental del rol que juega cada actor involucrado. Haciendo la historia corta, los artistas crean la música, los sellos les extienden un contrato mediante el cual asumen a su cargo la grabación de ésta, la difusión del disco y la venta en múltiples formatos. El público compra los discos porque le gusta el trabajo de los artistas y lo comprueban porque el sello promociona las canciones encargándose de hacerlas sonar en las radios y en los canales de música. De lo que se recauda por este concepto, los sellos le dan una comisión al artista, y se completa el ciclo.
Ese ha sido el paradigma de la industria musical desde hace ¿Cuánto? 60 o 70 años, por lo menos. El sistema se ha modernizado pero el diagrama de flujo es el mismo. ¿Acaso no hay otra manera? Al menos, grupos como Nine Inch Nails, Radiohead y Smashing Pumpkins parecen pensar distinto.
Los Cuatro Grandes
Como dice Rage Against the Machine, “know your enemy”. Puede ser un poco fuerte presentarlo de este modo, pero desde cierto punto de vista, las disqueras han sido cancerberos para las bandas, sólo que no todas las bandas sienten el poder que ejercen los sellos convirtiendo una inspiración artística en una usina de fabricar música en serie (lo cual no necesariamente representa nuestro pensamiento, pero queremos ponernos en ese estado anímico). De entre esos sellos que gobiernan la industria musical con puño de acero, los más grandes son Warner Music, EMI, Sony BMG Music Entertainment y Universal Music Group.
En orden creciente de tamaño, EMI es el más pequeño de los 4. Pequeño si puede considerarse pequeña una firma que vende USD 1.500 millones al año y domina un 9.5% del mercado. En esta firma, de origen ingés, tiene bajo su alero muchos nombres ilustres del rock británico: David Bowie, Led Zeppelin, Queen, Paul McCartney, Sex Pistols, Iron Maiden, Elton John, Deep Purple, ColdPlay. El listado se completa con interesantes figuras estadounidenses como Red Hot Chili Peppers y alguna vez Frank Sinatra y Michael Jackson.
Warner Music Group es el tercero en tamaño. Tiene una fuerte presencia en el mercado latino. Con artistas como Alex Ubago, Miguel Bosé, Arjona, Miranda, Maná, Alejandro Sanz, comprenderán que suenan todo el día en las radios de “música romántica”. Pero también tienen artistas de peso en el mercado angloparlante como Green Day, Paramore y -más importante- Madonna. Algunos dirán que Paramore no es importante. A mí me tocó ver una pelea en el aeropuerto SCL entre los dos fan club que tienen en Santiago cuando la banda vino a chile en octubre de 2008, así que no puedo dejar de mencionarlos. Warner Music Group, o WMG, agrupa a más de 11 sellos que incluyen Warner Bros Music, Warner Nashville, Atlantic Records y otros. Sus ventas son cercanas a los USD 4.000 millones anuales y domina un 15% del mercado.
El segundo más grande es Sony Music, dependiente de Sony Corporation of América. En otras palabras, depende indirectamente de nuestro amigo mundialero Sir Howard Stringer. Sony Music Entertainment domina un 25.6% del mercado en volumen, pero en si comparamos la facturación, anda por ahí con Warner. Entre sus artistas se cuentan AC/DC, Alicia Keys, Shakira, Britney Spears, Chayanne, Beyoncè y el superventas Daddy Yankee.
Finalmente, con más de 6.140 millones de dólares en facturación y una participación de 31.7% del mercado, el sello más grande es Universal Music Group. En su portafolio tenemos figuras como Kanye West, Black Eyed Peas, Marilyn Manson, U2, Rihanna, Gwen Stefani, Lady Gaga, Eminem, Amy Winehouse… creo que con estos nombres es fácil entender por qué les va tan bien.
Como habrán visto, entre estos 4 grandes se reparten más del 80% de la torta. El otro 20% se lo reparten no cientos sino miles de pequeños sellos independientes. “Indie” como les llaman. Cuando formas parte de un club que tiene 4 miembros, cuyas decisiones en conjunto representan la amplia mayoría de la industria musical, poco o nada puede detenerte: te conviertes en una autoridad y un oligopolio que nadie tiene cómo contrarrestar. Los sellos lo tienen claro y actúan como tales, imponiendo sus términos a los artistas, a los gobiernos, a los retailers, a las cadenas de TV y hasta a la web...
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Tomado de: FayerWayer


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