Y si...a Miguelito le gustaba comer. La comida era su vida y comerla su hobbie. Miguelito era un chico extremadamente obeso, pero el se sentía orgulloso de eso.
Ni siquiera las intimidaciones de su padre...
- Estas echo un gordo chancho ¿Así nunca vas a conseguir chicas? ¡Vos no sos mi hijo!
O los insultos gratuitos de sus compañeritos de 1° grado A...
- El gordo rajapedos se tira pedos, el gordo rajapedos se tira pedos, el gordo rajapedos...
O los "estímulos" de su profesor de gimnasia...
- A ver si moves esas grasas, gordito. Pensa que si te esmeras un poco ahora, tal vez dentro de unos años logres verte el pito
...lograban inmutarlo.
Pero Miguelito tenía un punto débil LA COMIDA, que nadie se metiera con la lunchera que tan amablemente le preparaba su madre todos los días, que nadie se metiera con sus dulces, sus agrios y salados. La comida para él era SAGRADA.
La vida de Miguel era de color rosa, sus allegados si bien lo vivían insultando nunca se habían metido con sus víveres y eso a él le bastaba. Pero...
Jorgito era el clásico bravucón, era de esos chicos que se hacen de una reputación burlándose de los defectos de los demás y todos se reían con él, tal vez por miedo a ser los próximos insultados, era una especie de extraña simbiosis. Pero a Miguelito no le gustaba Jorgito, y no por que lo insultará todo el tiempo sino por que una vez había intentado quedarse un caramelito que le pertenecía.
Y aquí es donde comienza nuestra historia.
Un día, al tocar el timbre de las 12:30, el timbre preferido de Miguelito ya que este significaba la hora de comer, el gordito se sentó como siempre en la sombra de aquel árbol a degustar las exquisiteces preparadas por su madre, y cuando se preparaba a deglutir el primer bocado de ese sanguche de salame, queso, mortadela, jamón, huevo y mayonesa Jorgito lo interrumpió:
- Mi mamá empezó a trabajar todo el día y no me esta haciendo de comer, así que como a vos te sobra comida dentro de esa panza me voy a llevar tus sanguchitos.
- No!- dijo Miguelito abrazando la lunchera y acurrucándose como perro que cuida su hueso
- Ah no! Dámela gordo seboso.
Y así se entabló una lucha por la lunchera. Jorgito forcejeaba para un lado y Miguelito para el otro. Pero llego un momento en que Jorgito se cansó de forcejear, soltó la lunchera y comenzó a golpear la cara de Miguelito con la más bestial fuerza que puede llegar a tener un chico de 1° grado. La cara de Miguelito volaba de un lado para el otro, su papada parecía una gelatina a punto de explotar, y fueron tantos los golpes que recibió que terminó por soltar la lunchera, Jorgito la tomó y la alzó como cual trofeo.
- ¡Vistes traficante de canelones que no te conviene meterte conmigo!
A la noche Miguelito pensaba comer doble ración de cena ya que no había almorzado nada, salvo los dos chocolates y las tres bolsitas de caramelos que se había comprado en el kiosquito de la escuela por la perdida de la lunchera. Pero al querer repetir por cuarta vez su padre le arrebató el plato y le dijo:
-No pibe, vos estas muy gordo, esta noche empezas el régimen
Y Miguelito se fue a la cama casi sin comer, y todo era por culpa de ese maldito Jorgito. Suerte que Miguelito siempre guardaba raciones extras debajo de la cama, por que sino se hubiese quedado famélico.
Al otro día la madre lo sorprendió con su plato preferido, pollo frito, cinco patitas y tres alitas.
Eran las 9:00 y Miguelito no veía la hora de que toque el timbre de las 12:30 para comer de esos bocadillos preparados por su madre, y entonces para aplacar el hambre, la ansiedad, el tiempo y el aburrimiento se comió a escondidas un chocolate en la clase de lectura.
Suena el timbre de las 12:30 y Miguelito escarmentado busca un lugar más seguro que aquella sombra para comer.
El baño no solo era maloliente y húmedo sino también húmedo y maloliente, pero era un lugar seguro o al menos eso era la que creía Miguelito hasta que escuchó la voz de Jorgito decir:
- FII FAAI FOUUU Huelo a un pequeño cerdito, sal de ahí chanchito o soplaré, soplaré, soplaré y el baño derrumbaré.
Miguelito no contestó
- Dale bola de grasa te vi entrar, sé que estas ahí.
- Dejame en paz- dijo valientemente Miguelito
Jorgito entró al baño a desgano y nuevamente la cara de Miguelito se convirtió en el blanco de los golpes del abusador que otra vez se quedo con el trofeo, hoy en forma de presas de pollo.
A la noche el inflexible padre de Miguelito seguía con la idea del régimen y Miguelito se murió de hambre una vez más.
Y todo continuó así día tras día, noche tras noche y Miguelito se hinchó las pelotas.
El timbre de las 12:30 ya había tocado. Miguelito hoy no se escondía y disfrutaba nuevamente de la sombra que le ofrecía aquel árbol. Jorgito se le acerca
- Bueno, ¿qué tengo para comer hoy?- dijo con aire sobrador
- Te traje hamburguesas, sé que te gustan mucho- inquirió inocentemente Miguelito
Jorgito se quedó consternado ante tal contestación, ¿ya se habría dado por vencido?
- Tomá - dijo Miguelito acercándole la lunchera
- Pero... ¿así de fácil me la vas a hacer?
- Sí, pensé que sería mejor si fuésemos amigos y dejáramos de pelear
- Pero...
- Y para que veas mi buena voluntad en este asunto, compre miles de golosinas para invitarte a comerlas en mi casita del árbol a la salida de la escuela.
Nunca nadie había sido tan bueno con Jorgito antes, ni siquiera su madre, tal ves este gordo imbécil no era tan mal tipo después de todo.
- Esta bien, acepto - finalizó Jorgito
17:30, el último timbre tocó y Miguelito con su nuevo amigito Jorgito fueron hacía la casita del árbol.
Una vez allí Miguelito derramó dos grandes bolsas de caramelos, chocolates, chupetines, masitas y otros deliciosos etcéteras, sobre el piso de madera de aquella precaria construcción.
- Todos tuyos- le dijo Miguelito
Jorgito empezó a tragar, a chupar, masticar, paladear en un frenesí casi enfermizo. Miguelito solo lo miraba. Después de degustar por completo una de las bolsas, Jorgito paró de su orgía de sabor y preguntó:
- ¿Vos no vas a comer, gordo?
- No, es todo para vos
- Bueno, gracias- y continuó
Hacía la mitad de la segunda gran bolsa de golosinas, a Jorgito se le empezó a nublar la vista, sus ojos se desorbitaron, su estomago se revolvía y unas gotas de frío sudor caían desde su frente.
- ¿Qué me esta pasando?- pregunto llorando
Y Jorgito se desplomo
- Espero que mamá no note la caja de Valium que le falta- Pensó Miguelito mientras sacaba de su mochila la cuchilla que su padre usaba para matar los chanchos que se cocinaban para Navidad
A las 20:30 regresó a su casa y esa noche Miguelito no cenó. Se fue directo a la cama y los dulces que esta guardaba debajo, no lo tentaron. Solo durmió.
A la mañana siguiente, Miguelito se encontraba sentado en el inodoro con una sonrisa de oreja a oreja.
-Miguelitoooo!!!- gritó la madre desde afuera del baño- llamó la madre de Jorgito, parece que ha desaparecido ¿vos lo has visto últimamente?
El gordito se reincorporó y mirando el gran excremento purpúreo que yacía en el fondo del inodoro, respondió:
- No mami, no lo he visto
Miguelito tiró la cadena y vio como ese gran pedazo de mierda era tragado por la furia del sistema cloacal.
FIN.


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