Profesor E. H. Andrews
¿ES CIENTÍFICA
LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN?
Sumario
La teoría de la evolución está aceptada de manera prácticamente universal en el mundo occidental actual como una explicación del origen de la vida. Pretendiendo el apoyo de una variedad de ciencias, los que apremian las pretensiones de la evolución, declaran que esta cuestión está «tan científicamente demostrada como lo puedan estar los acontecimientos nunca observados por el hombre.»
Esto no obstante, hay científicos de las diversas disciplinas que mantienen que muchos aspectos de la teoría de la evolución violan los cánones de la ciencia rigurosa. Reconocen que los mecanismos mediante los cuales se dice que tuvo lugar la evolución de la vida y de las especies biológicas son, en el mejor de los casos, hipótesis no demostradas, y en el peor, contradicciones de los hechos experimentales. El Profesor Andrews es uno de estos científicos. En este libro él examina la naturaleza de la genuina teoría científica y aplica a la teoría de la evolución los criterios así establecidos para ver si, en realidad, es «científica» en el mejor sentido de la palabra.
¿Cuál es el problema?Índice
El evolucionismo no es una ciencia reconocida1. La popularización de la ciencia
El evolucionismo es una filosofía
La evolución proporciona comodidad
La alternativa bíblica
2. La naturaleza de la teoría científica3. Los usos de la teoría científica4. Los abusos de la teoría científicaLa confusión de la teoría con el hecho5. La teoría de la evolución
El peligro de la extrapolación
El abuso de la exageración
Involucración emocional
La evolución, dada por supuesta6. Conclusión
Los evolucionistas, culpables de extrapolación
La hipótesis de la evolución
Ignorando los hechos
Una vista aérea del acelerador de 500 BeV en Batavia, Illinois. Esta máquina tiene cuatro millas (6,43 km) de circunferencia, y un diámetro de una milla y cuarto (2 km), y acelera protones hasta 500 BeV, después que hayan estado ayudados con un acelerador lineal y el anillo potenciador que se ve en primer plano. Es tal la importancia que la ciencia da a la verificación experimental de los conceptos teóricos que se gastan inmensas sumas de dinero para la construcción y funcionamiento de máquinas como ésta, con el propósito de poner a prueba teorías sobre la estructura de la materia.
¿CUÁL ES EL PROBLEMA? La Teoría de la Evolución está prácticamente aceptada hoy día en el mundo occidental como explicación del origen del hombre. Casi todo el mundo que piensa sobre estas ideas da por sentado que la vida comenzó con una combinación casual de moléculas, progresando por niveles de complejidad crecientes, hasta que llegó a surgir el homo sapiens. Pretendiendo el apoyo de una variedad de ciencias, incluyendo la química, la geología, la botánica, la zoología y la genética, aquellos que sostienen las pretensiones del evolucionismo dicen que la cuestión está «científicamente demostrada hasta allá donde los acontecimientos no observados por el hombre hayan podido nunca estarlo.»
Pero aquí y allá, y al margen de los cristianos que rechazan el evolucionismo sobre bases bíblicas y teológicas, se encuentran científicos de diversas disciplinas que reconocen que muchos aspectos de la teoría vulneran los cánones de la ciencia rigurosa. Ellos ven que muchos de los llamados hechos de la evolución surgen de una evidencia seleccionada con sumo cuidado, y que depende de interpretaciones preconcebidas de las observaciones. Observan que los mecanismos por medio de los cuales se dice que tuvo lugar la evolución de la vida, y de los que surgieron las especies biológicas, son, como mucho, hipótesis no demostradas, y que, en el peor de los casos, son contradicciones de los hechos experimentales.
Pero tan atractivo es el evolucionismo como explicación de la vida y de la existencia humana (ya que deja de lado los conceptos de creación y de un Creador), que las objeciones científicas a la teoría evolucionista son simplemente marginadas como no merecedoras de ninguna atención, o hasta incluso suprimidas como una ofensa a la mente racional y educada. Pero, cosa irónica, el espíritu con que eso tiene lugar no es precisamente el ánimo cuidadoso de la investigación científica, sino la arrogancia irreflexiva que afirma: «El evolucionismo manda, ¡y se acabó!»
¿Cómo se ha llegado a esta situación? Hay diversas razones.
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Los estudiantes universitarios son instruidos en el cauto espíritu de la investigación científica. La aceptación acrítica del evolucionismo es contraria a este espíritu.
Primero, hay muchos prejuicios, incluso entre los científicos, de los que generalmente se piensa que contemplan sus investigaciones con una frialdad impersonal. La creencia en las ideas y teorías, en las cuales se deposita tanto esfuerzo, es un atributo esencialmente humano, y a aquellos seres humanos que tienen la ciencia como profesión les es muy difícil aceptar que una teoría que ellos defiendan pueda estar equivocada, incluso cuando toda la evidencia apunta en tal dirección. Esto es especialmente cierto cuando la teoría de que tratamos ha llevado a un renacimiento de su campo de estudio, como lo ha hecho la Teoría de la Evolución para la biología, transformándola de una visión pedrestre del mundo de lo viviente a una apasionada investigación de relaciones y procesos evolutivos. El hecho de que décadas de investigación no han dado más que unas respuestas muy superficiales y capciosas a esta empresa, constituye una realidad que la comunidad científica como un todo no está aún dispuesta a reconocer.


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