Pero a Patone la alegría le duró poco. Como es natural, una vez que GEET estuvo lo suficientemente maduro, intentó introducirlo en el mercado. El potencial de su invento era enorme, sobre todo porque reducía casi a cero las emisiones contaminantes y porque podía ser modificado para reemplazar el refresco por agua del grifo. Sin embargo, él asegura que algunos ejecutivos de empresas “tradicionales” del negocio de los combustibles se comportaron como unos verdaderos “hijos de Utah”, e intentaron aprovecharse del inventor. Patone, según la versión de la historia que figura en su sitio oficial, se negó, así que lo acusaron de fraude de seguridad, lo declararon loco y, finalmente, en marzo de 2006, acabaron internándolo en la sala para enfermos mentales del Utah State Hospital. Paul pasó allí unas “vacaciones” de 38 meses, hasta el mes de mayo de este año. Habrá que ver qué hay de cierto en esto, después de todo no deja de ser su historia, pero de ser como lo cuenta, es un verdadero espanto.
“Yo no he inventado un motor, solo he diseñado un sistema que se encarga de dosificar el combustible”, dice Patone. “Se trata de un sistema versátil, aplicable a motores que funcionen con gasolina, diésel, o incluso turbinas de aviones jet”, agrega. En este momento, el inventor se encuentra tratando de poner su idea en circulación. Si tiene éxito, y su GEET funciona como dice, tendremos combustibles más baratos y un planeta más limpio, mal que les pese a algunos hijos de Utah.