HEAT-1X: La primera nave espacial de código abierto

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Viajar al espacio por nuestros propios medios. No estoy hablando de simplemente comprar un pasaje, sino de construir nuestra propia nave e ir allí, aunque sea por un momento. Cualquiera puede acercarse bastante al espacio si hace algo similar al salto de Felix, pero la gente de Copenhagen Suborbitals tiene una visión diferente: Un programa espacial de código abierto, en el que todo entusiasta alrededor del globo puede colaborar con su experiencia, o por vía económica, a la creación de lo que busca ser el primer vuelo espacial tripulado colaborativo, y a una fracción del costo, utilizando componentes que pueden adquirirse casi en cualquier parte.

El mundo se pegó a cada pantalla cuando Felix Baumgartner se arrojó al vacío desde 39 kilómetros de altura. Debemos buscar una mejor posición en nuestras sillas cada vez que se habla de Virgin Galactic, o de los logros de la gente de SpaceX. Y esto sucede porque los caminos “oficiales” al espacio son mucho más lentos de lo que nos gustaría. Burocracia y presupuesto tienden a hacer una pésima combinación, y a la hora de realizar recortes, el espacio tiende a ser uno de los primeros ítems en la lista. La respuesta parece estar cada vez más en proyectos privados, y la voluntad de entusiastas que luchan contra costos y regulaciones. Un buen ejemplo está en Copenhagen Suborbitals, fundada en 2008 por Kristian von Bengtson y Peter Madsen, ambos con amplios conocimientos profesionales en materia aeroespacial.

Su proyecto ha sido bautizado HEAT-1X, al que también se conoce como el cohete amateur más poderoso jamás hecho hasta ahora. En su vuelo de prueba, el HEAT-1X cargó un “crash test dummy” y lo elevó a una altura de 2,8 kilómetros. Otro detalle llamativo es que fue lanzado desde una plataforma flotante de muy bajo costo, comparada con las plataformas que se utilizan en lanzamientos más elaborados. Sin embargo, lo más destacable de Copenhagen Suborbitals y el HEAT-1X es que adoptan la filosofía open source: En vez de ser simplemente otro programa espacial privado y hermético, sus creadores alientan la participación de entusiastas y expertos alrededor del globo, además de obviamente recibir cualquier clase de ayuda económica a través de donaciones que estén dispuestos a ofrecer.

La funcionalidad es uno de los objetivos principales del proyecto (además de llevar a una persona a un vuelo suborbital, claro), y para ello utilizan componentes que ya están disponibles en el mercado, al alcance de cualquier interesado. En vez de consumir recursos diseñando una nueva válvula y obteniendo certificación, buscan algo que ya haya sido producido en masa y tenga las características que necesitan. También ha habido margen para la improvisación: En una de sus múltiples pruebas utilizaron un secador de pelo que evitó el congelamiento de una válvula. Tanto el cohete como la cápsula todavía tienen varios años por delante de investigación y desarrollo antes de alcanzar su debut tripulado, pero están en el camino correcto. Viajar al espacio de forma simple y barata. ¿Qué no nos puede gustar de eso?