¿Por qué la contaminación en China es tan severa?

La crisis ambiental en China está alcanzando niveles perturbadores. Las grandes ciudades pasan de una alerta roja a la siguiente, el esmog avanza como si fuera una tormenta de arena, las ventas de máscaras no paran de crecer, y lo mismo sucede con las críticas al gobierno. Pero una buena parte del mundo occidental se pregunta, ¿por qué sucede esto? La razón combina múltiples factores, desde lo industrial y lo energético, hasta lo geográfico.

Lamentablemente se ha convertido en una imagen muy frecuente: Pekín, la capital de China, cubierta en esmog. Las autoridades han explorado múltiples opciones. Prohibiciones específicas, lluvia artificial, drones… nada parece funcionar. El problema es que no hay mucho sentido en atacar focos individuales. La contaminación requiere un frente único, y cuanto más tiempo se pierde, el precio que paga la población es mayor. Niños y ancianos son los más afectados debido a la escalofriante cantidad de partículas en el aire. Las máscaras sirven hasta cierto punto, pero en el fondo nadie quiere vivir así. Ahora, si seguimos la línea de la contaminación china, ¿a dónde nos lleva?

 

Tal vez nuestros lectores ya se hayan dado cuenta, pero los problemas de China con la calidad del aire se multiplican en invierno. La temporada fría dispara la demanda de electricidad destinada a calefacción, y la gran mayoría de la energía es generada por plantas que queman carbón. A eso debemos sumar la constante actividad industrial, el impacto del tráfico, y aunque parezca mentira, un poco de geografía. Pekín se encuentra muy cerca de las cadenas montañosas Xishan y Yanshan, que sirven como una barrera natural para el flujo de aire. Cuando un sistema de alta presión ingresa a la región, el aire cercano a la superficie de la ciudad queda estancado allí, acumulando más contaminación.

¿Cómo planea China enfrenar este desafío? En primer lugar, con mucho dinero: 360 mil millones de dólares en proyectos de energía renovable, que serán implementados antes del año 2020. Es una visión muy ambiciosa, pero no habla sobre la reducción en el uso de carbón. De hecho, China es el país con el consumo más alto de ese combustible, y no debemos olvidar el componente político: El carbón mueve mucho dinero, los que se traduce en lobbying, y por extensión compra funcionarios. En la otra acera, datos alentadores: Solamente en 2015, China instaló el equivalente a diez mil turbinas de viento en capacidad. Si mantienen ese ritmo, el «2020» podría convertirse en «2018».

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