Por: Constanza Villanueva
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miércoles, 02 de mayo de 2007
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En este último tiempo, la desaparición de las abejas es noticia. Entre la abundancia de teorías del despoblamiento, la religión ve señales poco halagüeñas.
El colapso de las colonias de abejas melíferas ha tenido a los investigadores sumidos en las teorías más variadas. En principio se hablaba de consecuencias por la
radiación emitida por los teléfonos móviles, luego se elucubró sobre una dieta pobre, radiación solar por el desgaste de la capa de ozono, SIDA de abejas, estrés causado por desplazamiento de las colonias en camiones, carencia de fertilidad de las abejas reina, un pesticida que distribuía una enfermedad de “abeja loca” y el último descubrimiento que habla de
un parásito denominado Nosema Ceranae. Sea cual sea la causa, la realidad es que enormes cantidades de abejas van desapareciendo, afectando el ciclo que cumplen en la naturaleza y la economía que gira en torno a ellas.
Los inversores han sido avisados de los posible riesgos, y se les ha aconsejado que pongan su dinero en oro y maíz para beneficiarse ante la recesión que podría resultar de la ruptura de la cadena alimenticia causada por la alta mortandad de abejas. Las uvas y olivas no se verán afectados por este despoblamiento, debido a que las uvas se polinizan a sí mismas, mientras que las olivas son polinizadas por el viento. Este último detalle es el que despierta la alerta religiosa, que anuncia un posible fin de los tiempos para el cristianismo. Según el Libro de las Revelaciones, una hambruna precederá al Apocalipsis con excepción de las uvas y olivares.
¿Será hora de ponerse a rezar o simplemente trabajar en conjunto para solventar el mal que afecta a las Apis Mellifera?

Ratones paralíticos vuelven a caminar.

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