Los países anglosajones lideran la carrera de la coerción contra el intercambio de archivos no autorizados. En USA las leyes tratan a los usuarios peor que a los asesinos y endosan unas multas millonarias para disuadir a los posibles infractores. Sin ir más lejos, la estadounidense Jammie Thomas-Rasset tendrá que pagar 1,4 millones de euros a seis compañías discográficas por descargar 24 canciones de Internet a través del programa Kazaa. Una multa que ni siquiera realizando una masacre llegaría a tal extremo. Los ingleses también andan metidos en esta espiral de despropósitos y aunque las cuantías de las sanciones no llegan a ser tan escandalosas, hace poco que aprobaron leyes que declaran ilegal el intercambio de archivos con derechos de autor.
Pero dice un estudio realizado por la Universidad de Hertfordshire y encargado por UK Music, representante de la industria británica de la música, que los jóvenes de entre 14 y 24 años tienen acumuladas en sus ordenadores una media de 8.000 canciones descargadas y, a pesar de que son conscientes de que en el Reino Unido compartir archivos es ilegal, lo siguen haciendo. Lo más desconfiados se preguntan si este estudio que han encargado los “afectados” no será una excusa para seguir apretando el lazo y justificar una nueva batería de medidas aún más represoras. Desde ya les advertimos que el resultado va a ser el mismo, que no se molesten.
Los jóvenes británicos se defienden con valor de la coerción gubernamental
Las amenazas y coerciones del gobierno británico no han conseguido amedrentar a los usuarios de redes P2P o descargas directas, que permanecen cautelosos pero firmes en sus costumbres y actitudes con respecto a la piratería. Según los datos del informe, el 61% de los jóvenes del país siguen intercambiando archivos protegidos en la Red, una tasa idéntica a la del año pasado. El estudio contrasta con los que pensaban que los sitios de streaming de pago, como Spotify, lograrían frenar las descargas de material protegido. Sin embargo, de los 1.808 jóvenes entrevistados, casi un 80% afirmó que no tenía interés por pagar por su música en streaming, y casi el 90% prefería descargarse archivos para guardarlos, en lugar de escucharlo simplemente. El 85 % dijo que pagaría con gusto un servicio de descargas ilimitado y sin ningún tipo de restricciones y el 57 % garantizó estar dispuesto a desistir de las descargas ilegales si estuviera suscrito a un servicio de tales características. Curiosamente, un 75 % afirmó incluso estar dispuesto a pagar por el CD, si se trata de música "verdaderamente buena", incluso aunque estuviera suscrito al servicio de descargas ilimitado.
Si, yo también me bajo canciones de Internet, ¿algún problema, Sir?
Esto viene a dar la razón a los que decimos una y otra vez que la solución a la piratería no es implementar leyes represoras ni emplear la táctica del miedo. Internet es demasiado grande y demasiado escurridizo como para que lleguen con suficiente eficacia ese tipo de medidas. No es el camino. La propuesta ideal para acabar con el problema sólo puede llegar por dos vías: Un precio asequible y un servicio de descargas sin límites ni trabas. Si cumplen esas dos premisas, estamos seguros de que la piratería descendería a niveles soportables para la industria. Todos ganamos con ese modelo.

Población mundial: 7.000 millones para 2011

Microsoft seguirá soportando Internet Explorer 6