Las ventas de Windows 8

Las ventas de Windows 8

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El silencio de radio establecido en Redmond ha sido notable. Cualquiera puede asumir que si una empresa como Microsoft tiene buenas noticias para compartir sobre sus productos se lo hará saber al mundo en tiempo récord, sin embargo, la ausencia de novedades ha definido hasta ahora la situación de Windows 8. A pesar del aparente “lockout”, hay datos provenientes de Microsoft que confirman parcialmente lo que se había percibido hasta ahora: Las ventas de Windows 8 están muy por debajo de lo proyectado. ¿Acaso eso es material suficiente para tildar de “fracaso” al nuevo sistema operativo? A decir verdad, se requiere un poco más de análisis antes de llegar a esa conclusión.

Hubo acceso preliminar al sistema operativo, de eso no quedaron dudas. Los previews oficiales fueron tres, pero también se filtró una buena cantidad de builds que no estaban destinados al público. En otras palabras, sabíamos qué esperar de Windows 8, y tanto los desarrolladores como los fabricantes de hardware sabían con qué iban a tener que lidiar en materia de soporte. Pero la sensación es de incertidumbre. Todos parecen estar a la espera, lo cual a su vez se traduce en cautela y falta de confianza. Todo cambio encuentra resistencia, y Windows 8 no fue la excepción. Por extensión, el mercado ha respondido de una forma que conoce muy bien, y es con frialdad. De acuerdo a las fuentes de Paul Thurrott, reconocido veterano en reportar cada novedad de Microsoft, las proyecciones internas para las ventas de licencias de Windows 8 no han sido cumplidas, y la realidad indica que están muy por debajo de lo calculado.

Como era de imaginarse, parece que en Microsoft han comenzado a buscar responsables, y la primera entrada en la lista es la industria de la PC en general. La fuente de Thurrott menciona a los fabricantes de PC como los principales culpables debido a su “incapacidad de entregar” productos convincentes, un detalle gigantesco que a la vez justificaría la decisión de Microsoft de comenzar el desarrollo de su propia línea de hardware que comenzó con la tablet Surface, y que seguirá con sus variantes Pro. La relación entre Microsoft y los fabricantes se encontraba en un momento de tensión, y algunas de las últimas decisiones de Redmond (incluyendo el anuncio de la propia Surface) han hecho todo más áspero. A esto es necesario sumar un “exceso” de ofertas, con una maraña de formatos que contribuye a la confusión del consumidor, una situación económica que no es la ideal en muchos países, y por supuesto, la competencia proveniente de dispositivos móviles ya establecidos, que de una forma u otra se están convirtiendo en una alternativa definitiva al ordenador para muchos usuarios.

Hay algo que no va a cambiar, y es que Microsoft va a vender una significativa cantidad de licencias de Windows 8, de la misma forma que lo hizo con Windows Vista, a pesar de todo lo malo que fue ese sistema. La magia de la preinstalación probablemente coloque a Windows 8 del lado positivo, porque en la gran mayoría de los casos, cada ordenador nuevo tendrá una licencia asociada. Pero eso no sería más que un viejo atajo del cual Microsoft ha abusado antes. La revolución esperada no se manifestó. El consumidor de a pie ha decidido esperar, o considerar otras opciones, mientras que el mundo empresarial se maneja con tiempos completamente diferentes. En lo personal, creo que el famoso “Windows en todas partes” de Steve Ballmer se pinchó como un globo. El proyecto de unificación que presentó Windows 8 tenía olor a forzado desde un principio. En algún momento, Microsoft deberá exponer oficialmente cómo le ha ido a su nuevo sistema operativo. La pregunta es si lo hará asumiendo la realidad, o si buscará chivos expiatorios.