¿Así lucen las empresas de hosting por dentro? Hmmm...
¿Qué tipo de hosting vamos a analizar?
Los más asequibles a los que puede optar un usuario corriente. Se llaman planes compartidos (shared hosting). Y se denominan de esta manera porque ponen a disposición de una cantidad de usuarios un servidor o bloque de servidores para que sean utilizados por un número elevado de clientes. El siguiente nivel son los servidores dedicados virtuales (VPS), que no son más que una simplificación de los planes compartidos, pero en vez de prestar el mismo servidor o grupo de servidores a ciento de personas, lo limitan a cinco o seis usuarios. Y finalmente, tenemos los servidores dedicados, donde la empresa te asigna un servidor exclusivamente para tu uso.
¿Por qué elegir hosting americanos?
Fundamentalmente porque ofrecen unos rendimientos diez veces superiores a los europeos y porque cuestan cinco veces menos. Exceptuando el tiempo de respuesta que obviamente, al estar situados tan lejos los servidores de los puntos de acceso no pueden competir con los hosting nacionales. Suponiendo que hablemos de España, claro. Porque para un habitante de México, por ejemplo, la distancia sí que resulta favorable.
¿Son realistas los rendimientos ilimitados que ofrecen los hosting americanos?
En absoluto. El sentido común más elemental nos advierte que no existen las capacidades infinitas y mucho menos por el precio que ofertan. Un servicio de hosting no es más que un conjunto de ordenadores, con sus correspondientes discos duros y sus CPU, por tanto, sus capacidades están limitadas por el número de ellos que posea la empresa que presta sus servicios. Cuando pensamos en un hosting, lo vemos como algo muy lejano, etéreo, casi místico. Pero simplemente imaginad una sala enorme donde yacen decenas de ordenadores como los vuestros (o incluso peores). Eso es un hosting, ni más ni menos.
¿Hay tanto ancho de banda para todos?
¿Y por qué nos venden humo sabiendo que es imposible cumplirlo?
Porque la competencia en este sector es fortísima. Cientos de hosting aparecen todos los días prometiendo nuevos record de rendimiento así que las empresas no han tenido mas remedio que ponerse a la altura del engaño y terminar con esta escalada de potencia ofreciendo unas capacidades ilimitadas para que el resto de competidores no puedan superarlos sobre el papel ¿La consecuencia de esto? Pues que antes el cliente decidía su empresa de hosting por las características de sus servidores pero ahora como andan todas igualadas en el infinito, solo puede elegir por intuición, por precio, por servicio al cliente o por cualquier otro factor difícil de objetivizar.
¿Y si lo que prometen no es cierto, qué hacemos nosotros aquí?
Intentar encontrar los límites reales de estos hosting para garantizar al lector unos datos objetivos en los que basar una decisión acertada y satisfactoria.
¿Y cómo justifican las empresas de hosting la oferta ilimitada de prestaciones?
Pensad en un hosting como si fuera una enorme biblioteca llena de estanterías vacías. Entonces el dueño del hosting le dice a cien personas: “esta estantería grande de aquí es vuestra, haced lo que queráis con ella”. Y los usuarios, encantados con su enorme vacío donde colocar libros, comienzan a dárselos a un bibliotecario para que los llene, pero lo que suele ocurrir en la vida real es que la mayoría de dichos usuarios apenas mueven libros y, por tanto, la estantería permanece operativa para los cuatro gatos que realmente mandan colocar y sacar libros de allí. De esta manera, las compañías confían en que nunca va a haber nadie que añada tantos libros que agote el espacio de la estantería asignada. Y normalmente así es como sucede.
Pero, ¿qué pasa cuando uno o varios usuarios comienzan a dar orden al bibliotecario de meter y sacar libros como locos? Pues que el dueño de la biblioteca se da cuenta y cuando observa que están a punto de colapsarle la estantería les dice: ¡¡yeeepaa!! ¡Pero dónde vais, animales! O pagáis una estantería mayor o tengo que largaros de esta.
Y ofuscados le replican los usuarios: “Señor mío, usted nos prometió una estantería ilimitada y un trasiego de libros infinito”. Y muy socarrón el empresario les responde: "Cierto, pero lo que no les prometí es un bibliotecario incansable. Me han reventado ustedes a mi viejo Mister Pentium, así que les animo a que se pasen a una estantería superior con un bibliotecario más fuertote, por ejemplo, Mister Xeon, pero les tendré que elevar el cobro. A este bibliotecario hay que pagarle el gimnasio, las proteínas y las hormonas."
En definitiva, la empresa no discute que dispongas de capacidad de almacenamiento y ancho de banda ilimitado. La excusa la presenta en forma de carga de trabajo excesiva a sus CPU y con ese pretexto se libra de la denuncia. Si os fijáis en los datos que muestran las empresas de hosting en sus planes, los servidores dedicados, muchísimo más caros que los compartidos, sí poseen límites que además son reales porque representan las capacidades auténticas de un servidor de “carne y hueso”.

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