Puede parecer extraño, pero decenas de personas aún siguen vivas gracias a la asistencia de antiguos marcapasos que funcionan gracias a la electricidad que les suministran pequeñas cantidades de plutonio. Estos dispositivos ya no se fabrican, pero gracias a su larga vida útil, todavía funcionan. Afortunadamente, su sólida cubierta de titanio los hacen prácticamente resistentes a cualquier accidente.
Los vulgarmente llamados “marcapasos” son unos dispositivos que, implantados en el cuerpo del paciente, se encargan de enviar una serie de impulsos eléctricos regulares a su músculo cardíaco para que funcione correctamente. Fueron los médicos suecos Rune Elmqvist y Ake Senning quienes, en 1958, diseñaron el primer marcapasos implantable. Lamentablemente, ese primer dispositivo falló a las pocas horas de puesto en marcha y hubo que esperar un par de años hasta que el ingeniero estadounidense Wilson Greatbatch perfeccionó el invento. Greatbatch probó el prototipo en un perro y, en 1960, Henry Hannafield, de 77 años, se convirtió en el primer ser humano en recibir el implante. A partir de ese momento, comenzó una carrera por lograr el dispositivo mas pequeño y durable posible. Uno de los puntos flacos de estos primitivos marcapasos era la escasa duración de las baterías. Colocar baterías extra fuera del cuerpo del paciente es bastante riesgoso por el peligro de infección que entraña el tener un par de cables saliendo (o entrando, como lo quieras ver) del cuerpo, así que en general hay que limitarse al espacio disponible dentro del dispositivo, que es naturalmente bastante escaso. Los avances efectuados en la década de 1960 en materia de pilas nucleares basadas en materiales radioactivos como el plutonio, permitieron crear fuentes de energía de pequeño tamaño y capaces de funcionar durante largos periodos de tiempo. Muchas de estas pilas recorren el espacio a bordo de las sondas robóticas de la NASA, y otras -como habrás adivinado- terminaron dentro de pacientes con problemas cardíacos.
El modelo que vemos en estas fotografías utiliza como fuente de energía una batería termoeléctrica que contiene entre dos y cuatro Curies de plutonio 238, un material radioactivo que tiene una vida media de 88 años. Esta clase de baterías aprovechan la desintegración natural del plutonio para generar la electricidad que el marcapasos luego enviará en forma de pulsos al corazón para mantenerlo funcionando. Para evitar que la radiación del plutonio “afecte negativamente la salud del paciente” (O, dicho de forma elegante, “que no mate al paciente”), todo se encuentra sellado dentro de una caja de titanio del grosor suficiente para detener los rayos gama y neutrones que emite la pila. Esta caja incluso es capaz de soportar disparos y la cremación del paciente, algo indispensable para prevenir cualquier tipo de accidente. Se estima que en la actualidad (o al menos hasta 2003) entre 50 y 100 estadounidenses todavía cargan con uno de estos chismes en su interior, lo que sin lugar a dudas debe generar unos revuelos interesantes cada vez que intentan pasar por el control de un aeropuerto. Tal como ocurre con las armas nucleares o desechos de algunos equipos de diagnóstico médico que también emplean sustancias radioactivas para funcionar, cada vez que uno de estos pacientes muere su marcapasos se envía a las instalaciones que el gobierno tiene en Los Álamos para ser convenientemente reciclados. Los marcapasos modernos han dejado de lado este tipo de fuente de energía, y funcionan con la electricidad suministrada por una batería de litio.