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Por: Lisandro Pardo
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jueves, 17 de julio de 2008
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Si eres alguien que toma la idea de estar conectado/a en todo momento muy en serio, o si simplemente eres alguien que odia los cables, entonces deberás tener una relación muy estrecha con las redes inalámbricas. Pueden ser muy cómodas, pero también tienen algunos problemas bastante irritantes, comenzando por no tener señal suficiente, o por no tener a tu red protegida. Aquí te dejamos algunos lineamientos a seguir, para disfrutar una red WiFi, en vez de sufrirla.
Si has dedicado una parte sustancial de tu vida al estar sentado/a delante del ordenador, entonces sabrás que hay muy pocos placeres que puedan superar al estar sobre la cama con tu portátil en el regazo, navegando por la red y sin tener un solo cable conectado. Con sus costos cada vez menores, las redes inalámbricas están ganando cada vez más territorio, y los dispositivos que pueden hacer uso de ellas ya no se limitan a los ordenadores. Teléfonos, agendas, y UMPCs brillan con su propia luz al estar dentro del rango de una red inalámbrica.
Pero esta utopía puede volverse una pesadilla, si no se toman en cuenta ciertos detalles. Por un lado, está el clásico problema de salir de una habitación para entrar en otra, y ver que la señal inalámbrica se ha evaporado de la nada. Por el otro, está el percatarse de que estás haciendo un servicio comunitario, al entregar Internet gratis a tus vecinos porque tienes tu red WiFi sin protección alguna. La mejor parte es que ambos problemas tienen solución, y sólo demandará de ti un poco de paciencia, junto con un toque de originalidad.
Cuanto más eficiente seas en la colocación del enrutador, mejor funcionará
A la hora de lidiar con un router o un punto de acceso, toda su capacidad, su rendimiento, y sus potenciales inconvenientes, se reducen a sólo una cosa: Ubicación. Lo hemos visto demasiadas veces como para ignorarlo, y más de una persona se ha sentido ofendida debido a esto, pero es una verdad que no se puede negar. Es ridículo colocar al dispositivo dentro de un armario con una puerta de roble de tres centímetros de espesor y clavijas de bronce sólo porque no es agradable a la vista, y al mismo tiempo pretender que funcione como si lo único que hubiera entre el enrutador y el ordenador fuera aire. La regla es que haya la menor cantidad de obstáculos posibles (lo ideal es, pues, ninguno) entre una antena emisora y el dispositivo receptor, y eso no va a cambiar. El router o el punto de acceso tiene que estar expuesto, y en lo posible (por no decir altamente recomendable), en una ubicación alta, así la propagación de la señal será mucho más eficiente. ¿Tienes dudas sobre esto? Sólo tienes que ver la antena de un canal de televisión por aire, y todas tus preguntas serán contestadas. Intenta también que su ubicación sea lo más central posible respecto de la habitación en la que se encuentra. Y aléjalo de posibles fuentes de interferencia. Móviles, teléfonos inalámbricos, microondas, cualquier cosa que pueda emitir una señal o generar un campo magnético muy fuerte. En resumen: ¡Quita el aparato de encima del gabinete del ordenador!

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