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Por: Lisandro Pardo
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viernes, 24 de octubre de 2008
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Cuando se trata de Internet, mucha gente cree que un tema tan delicado como la privacidad se menciona como excusa para poder esconderse mientras algo malo se está haciendo. Sin embargo, la identidad de una persona es uno de los bienes más deseados por aquellos que realmente planean hacer algo malo, desde documentos y pasaportes falsos hasta operaciones comerciales fraudulentas. Frente a esta amenaza existen varias formas para defendernos, pero una de las más importantes es ocultar nuestro IP, navegando de forma anónima.
Privacidad, lucro y delito
No sé exactamente por qué sera, pero cada vez que escucho el término "privacidad" recuerdo cierta escena de la película "Minority Report", en la que los anuncios de la calle intentaban captar la atención de los transeúntes llamándolos por su nombre y apellido. Por supuesto, estamos increíblemente lejos de tener algo idéntico a eso en la vida real, pero en Internet ya podemos ver algo que podría considerarse como una clase de "ancestro" para ese sistema. Por ejemplo, ya es cosa de todos los días entrar a un portal escrito en inglés y ver anuncios no solo en español, sino de nuestro país o localidad. Si alguna vez te has preguntado cómo sucede eso, se debe principalmente al número IP que tienes asignado en ese momento. Cada zona geográfica del globo tiene determinados rangos IP que puede usar, por lo que con un proceso de verificación alguien puede saber casi con exactitud desde qué región realizas tu conexión.
Es sencillo: Tienes derecho a la privacidad, especialmente en Internet
Es cierto: Puede parecer inofensivo desde cierto punto de vista. Cualquiera puede pensar que hay muchos ordenadores en el país conectados a Internet, y que consideren al usuario como "uno más del montón" puede no tener mayores consecuencias. Pero hay otra cosa que es cierta: La información de estadística tiene un valor enorme. Corporaciones enteras se mueren por saber tus detalles de navegación, qué te gusta y qué no, con qué frecuencia te conectas y durante cuánto tiempo, con quién hablas y cómo, qué idiomas dominas, cuáles son tus pasatiempos, y un casi infinito etcétera. Pero al igual que estas corporaciones, también hay personas que utilizan dicha información para algo mucho más lucrativo que la venta y la promoción: El delito. Los datos robados de una persona perfectamente limpia en el sistema legal pueden ser la panacea para un delincuente buscado.
Pero se trate de una empresa queriendo venderte una marca de cerveza, o un ladrón informático a la espera de tu número de tarjeta de crédito, hay algo que no cambia: Tú eres tú, y solo tú decides cómo, cuándo y dónde decirle al resto del mundo quien eres, de donde vienes y a dónde vas. Por muchas razones, tanto técnicas como de uso general que no repetiremos en este artículo, Internet está a años luz de ser algo relativamente privado. Y si quieres cambiar eso, deberás tomar recaudos, ajustar un poco tus hábitos de navegación, y por qué no, agregar un par de gotas de paranoia a la receta.

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