¿Por qué es casi imposible correr una maratón en dos horas?

Límites en el consumo de oxígeno, eficiencia, y hasta el propio calzado

El hombre más rápido sobre la Tierra corriendo una maratón es el keniata Dennis Kimetto, con un registro de 2 horas, 2 minutos y 57 segundos. En el caso de las mujeres encontramos a Mary Keitany, también keniata, y su marca es de 2:17:01. Sin lugar a dudas, son dos de los atletas mejor preparados para enfrentar y superar una competencia tan exigente, ¿pero por qué el resto de los mortales no podemos hacer algo así? La respuesta nos obliga a considerar al menos tres factores críticos y únicos en cada corredor, además de las condiciones básicas, el calzado y la superficie.

El ser humano es rápido al momento de identificar barreras, y casi de forma instintiva vuelca todos sus recursos y esfuerzos para superarlas. Algunas ya quedaron atrás, como la velocidad del sonido y los diez segundos en las carreras de cien metros, pero otras se mantienen fuertes, entre las que se destacan una velocidad de mil millas por hora para coches y los ordenadores exascale. Si nos enfocamos en los atletas profesionales, y en el caso específico de los maratonistas, es imposible ignorar el espectacular progreso que han hecho con el paso de las décadas. A principios del siglo XX, los mejores corredores del planeta en esa prueba estaban por arriba de las dos horas y media. Iniciado el siglo XXI, la «invasión africana» está a punto de quebrar las dos horas. La gran pregunta es: ¿Qué es lo que les falta, y por qué no podemos hacer algo así nosotros?

La gente de Wired decidió averiguarlo de una manera muy particular, y es haciendo correr a una parte de su equipo. Igualar una marca de dos horas en una maratón requiere una velocidad constante de 21.0975 kilómetros por hora, cosa que el mejor de ellos no pudo sostener por más de un minuto y medio. El rendimiento de un atleta está gobernado por tres factores: El primero de ellos es el consumo máximo de oxígeno, también conocido como «VO2 Max». Para una personal normal, el VO2 Max flota entre los 30 y los 40 mililitros por kilogramo por minuto, pero un maratonista profesional duplica ese número. Después aparece el umbral de lactato, punto en el que la acumulación de lactato se dispara. Generalmente se lo mide como un porcentaje del VO2 Max, y para nosotros es del 60 por ciento en promedio. En un maratonista puede llegar al 85-90 por ciento.

Finalmente llegamos a la economía de carrera. Dicho de otro modo, qué tan eficientes somos al correr. Es la gran «zona gris» de todo el proceso, con muchas teorías que van desde la forma en la que el pie hace contacto con el suelo, hasta la longitud de las piernas. Aquí es en donde los principales nombres del mercado han decidido concentrar su poder de fuego. Nike diseñó una nueva línea de calzado que promete una mejora en la economía de carrera del 4 por ciento. El sábado pasado, la compañía organizó una carrera en la que participaron Eliud Kipchoge (oro olímpico en la maratón de Río 2016), Zersenay Tadese (bronce olímpico en los 10 mil metros de Atenas 2004) y Lelisa Desisa (plata en la maratón del mundial de Rusia 2013). Técnicamente, los resultados no pueden ser tomados como récords, pero Kipchoge cruzó la meta estableciendo un registro de 2:00:25, y nos quedamos con sus palabras: «Con un buen plan y una buena preparación, esos 25 segundos desaparecerán».

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