Por qué se corta Internet (y por qué muchas veces se arregla apagando y prendiendo el router)

Explorando a uno de los aspectos más frustrantes de la conectividad moderna

«¿Ha probado con apagar el dispositivo y encenderlo de nuevo?» Esta recomendación por parte del soporte técnico en cualquier proveedor de conectividad es irritante hasta la médula, pero la hacen por una razón: Funciona en 8 o 9 de cada 10 casos. Los routers, ya sean independientes o híbridos, son criaturas mucho más delicadas de lo que aparenta. Sobrecargas, errores en la asignación de IP dinámicas, problemas de temperatura y hasta un firmware de mala calidad pueden colocar de rodillas al router más robusto.

Mi proveedor local me entregó un híbrido módem-router bastante genérico. Admito que funciona bien, sin embargo, lo primero que hice fue desactivar toda la sección del router, y dejar esa tarea a cargo de mi fiel Linksys WRT54G con DD-WRT instalado. ¿Por qué? Por el simple hecho de que sus cuelgues individuales no pasan la media docena por año. En la búsqueda de estabilidad, la mayoría de los routers no son un gran ejemplo que digamos, y existen varias razones, tanto internas como externas, que nos dejan a las puertas del inevitable «reset»: Apagar y encender el condenado aparato.

En primer lugar, los fabricantes recortan costos donde sea posible, y lo que al principio parece una buena compra se transforma en un dolor de cabeza repleto de caídas y errores en su firmware. Eso nos lleva automáticamente a los casos de sobrecarga. Las unidades más básicas incluyen dos o cuatro puertos Ethernet, a lo que se suman las conexiones WiFi. El fabricante puede decir que su producto soporta un gran número de dispositivos, pero el sentido común nos dice que no deberíamos ir más allá de seis u ocho en un modelo hogareño, y si todos tratan de obtener su dosis de Netflix al mismo tiempo, arrojará la toalla. Después están las direcciones IP dinámicas. Una de las promesas de IPv6 es que cada dispositivo en existencia podrá tener su propio número IP estático (340 sextillones disponibles), pero si dependemos de los proveedores para eso, habrá que armarse de paciencia. Si el módem-router recibe un nuevo IP dinámico en un momento particularmente ocupado, lo más probable es que la conexión se caiga.

Y para cerrar, llegamos a dos factores críticos: Calor y congestión WiFi. Esto se olvida con facilidad, pero el router es un mini ordenador. Tiene un procesador, RAM, almacenamiento interno, buses y sistema operativo. Por eso es una pésima idea esconderlo detrás de un mueble, envuelto en cables y cerca de otras fuentes de calor. El router trabaja 24/7, y necesita ventilación (no importa qué tan horrible sea su carcasa). En lo que se refiere a WiFi, ya hemos hablado sobre eso. La congestión en algunos canales dentro de los 2.4 GHz puede ser brutal, y la primera acción es mover nuestro WiFi a otro canal, o saltar a la banda de los 5 GHz si el hardware lo permite. También quiero hacer una breve mención a las actualizaciones de firmware. Si el fabricante las ofrece no es mala idea llevarlas a cabo, y de ser posible, cualquier usuario debería considerar la instalación de un firmware alternativo, como OpenWrt o DD-WRT.

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