Star Chamber: The Harbinger Saga

Cuando el aburrimiento se apodera, el tedio reina y el corazón se acongoja, hace falta un buen videojuego. Pero uno original, bien bueno. Por eso, juegos como Star Chamber logran revitalizar nuestra pasión, inyectando burbujas de felicidad en nuestro cansado organismo gamer. Los pacíficos días de la República Galáctica han acabado. Las mayores diez razas de las estrellas luchan por la supremacía. Algunas buscan expandirse por el cosmos y aplastar todo lo que se halle entre ellos y su destino. Otras buscan descubrir los misterios de los antiguos portales hiper-especiales, dejados por razas ya desaparecidas. Mientras que hay razas que prefieren el poder de las palabras dentro de la Star Chamber, el planeta neutral donde las leyes intergalácticas pueden ganar guerras. Un crisol de razas luchará, a su manera, por la gobernar la galaxia entera. ¿Cómo? Con cartas y un tablero. Créannos… ¡Es muy divertido!

Pura estrategia
Star Chamber mezcla elementos de juegos de tablero con la pasión de las cartas coleccionables. Ambos componentes son inseparables y dependientes del otro. Y el diseño del juego está tan bien pensado que entusiasma desde el inicio. Para explicar como funciona el juego, deberíamos escribir, escribir y escribir. Por eso, baste decir que transcurre sobre un tablero dividido en planetas. Cada planeta tiene su función y, las cartas, deben ser jugadas sobre ellos junto a sus naves y/o personajes. Existen cinco tipos de cartas, aquí conocidos como Techs. Cada raza tiene acceso a dos de estos Techs. Las cartas tienen miles de funciones, desde mejorar las naves hasta para ganar más influencia para conquistar planetas. Lo mejor es que resulta REALMENTE necesario y divertido, más allá de vuestras virtudes tácticas, ir mejorando el mazo continuamente. En Star Chamber hay de todo: recursos que explotar, combate entre naves, producción de unidades, política, cultura y guerra interplanetaria. Todo eso y mucho más en un juego que asombra por original y repleto de opciones. Como si fuera poco, existen diferentes condiciones de victoria (victoria cultural –se logra con 30 puntos de cultura-; victoria militar –conquistando todos los planetas adversarios- y victoria política –ganando tres elecciones en la Star Chamber-). Estas tres condiciones de victoria agregan una enorme profundidad y personalización en el de estilo de juego. Ni hablar de las posibilidades de rejugabilidad.
Actualmente, The Harbinger Saga es la re-edición del Star Chamber original. Comenzó siendo un proyecto pequeño, sin demasiadas ambiciones comerciales. Pero el éxito catapultó a este juego más allá de lo esperado por los realizadores. Hoy hay juego organizado, torneos y hasta premios para los ganadores.

El lobby principal. Desde aquí podrán retar a sus oponentes.

Es que, entiendan, en Star Chamber no importan los gráficos. Es el diseño del juego mismo lo atractivo. Este juego fue finalista en el Independent Games Festival 2005 y ha recibido las mejores críticas de todos los portales importantes de juegos. Como si fuera poco, se puede jugar tiene un multijugador que soporta hasta 4 personas en línea, y campañas para juego en solitario. El primer set de cartas, The Atok Incident, trae nada menos que 300, que se unen a las cientas del set original. Ya llegan Descent y Maelstrom, para seguir agregando aún más profundidad.

Ustedes mismos pueden ver el juego gratis desde la página oficial. La descarga es pequeña, de apenas 40MB e incluye un completo tutorial (en inglés) y un escenario llamado The Jupiter Initiative, donde deberemos repeler una invasión androide.
Claro, si quieren volverse unos profesionales y competir en línea contra otros jugadores, además de abonar los 29,99 dólares del juego, deberán comprar cartas virtuales que van desde los 2.45 dólares el sobre a 77 dólares la caja (virtual) de 36 sobres. Eso sí, no hay que pagar suscripción.

En resumen, una excelente elección si ya están aburridos de jugar siempre lo mismo. Star Chamber: The Harbinger es pura estrategia, mucha administración y tiene uno de los mejores diseños jamás pensados para un juego de tablero. Sólo hay que darle una oportunidad.

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