Autor: Ariel Palazzesi Publicado: lunes, 06 de octubre de 2008
Hubo una época en que los niños con anteojos, buenas calificaciones y granos en la cara recibíamos regalos apropiados a nuestros intereses. Nunca faltaba la tía con el típico juego de química bajo el brazo, la abuela orgullosa con algún kit para armar dinosaurios o, si teníamos suerte, algún orde...