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Telégrafo óptico: El email del siglo XVIII

Por: Ariel Palazzesi  @  miércoles, 02 de enero de 2008  Nota vista 3531 veces
Décadas antes de que la electricidad se convirtiese en una forma de energía de uso masivo, era posible enviar mensajes a miles de kilómetros de distancia. El sistema, basado en torres, señales y telescopios, permitía en el siglo XVIII el envío de mensajes complejos a una velocidad de 1380 kilómetros por hora.
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El email y su transmisión casi instantánea ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Un muy buen porcentaje de los habitantes de los países desarrollados utilizan el correo electrónico a diario. Sin embargo, la humanidad se ha arreglado bastante bien durante siglos para comunicarse sin utilizar la electrónica para comunicarse.

Pero a menudo olvidamos que la gran mayoría de las formas de comunicación que empleamos en la actualidad necesitan de la energía eléctrica para funcionar. Una llamada telefónica, un SMS, el envío de un email o una videoconferencia necesitan de esta forma de energía para funcionar. Si por algún motivo se corta el suministro eléctrico, quedamos incomunicados.

Sin embargo, hay otras formas de comunicarse. Si bien pueden parecer sumamente rudimentarias, la comunicación entre distancias relativamente grandes utilizando señales efectuadas con banderas o luces funciona perfectamente bien. Y es posible enviar mensajes a una velocidad más que aceptable.

De hecho, al inventor francés Claude Chappe se lo considera el primer magnate de las comunicaciones. Esto no sería particularmente interesante si no fuese porque Chappe nació en Francia en el año 1763, en una época donde la electricidad era todavía algo parecido a la magia. Sin embargo, el inventor creó un sistema de telegrafía óptica que en 1792 permitía enviar mensajes por toda Francia a una velocidad de más de 1000 kilómetros por hora. Y sin emplear electricidad.

Claude había nacido en el seno de una familia acomodada, y era nieto de un barón francés. Pero la Revolución Francesa transformo su vida, y junto a sus cuatro hermanos encaró el desarrollo de sistema de estaciones telegráficas. Se trataba de una idea abordada varias veces, pero nadie había logrado hacer que funcionase en la práctica.

Chappe construyó una serie de torres, separadas entre sí de 12 a 25 kilómetros. En cada torre había una persona encargada de recibir y retransmitir los mensajes, utilizando un par de telescopios. Estos telescopios apuntaban uno hacia la torre inmediatamente anterior, y otro hacia la torre siguiente. El secreto del éxito del sistema ideado por el francés estaba en lo que observaban estos operadores.

Es que luego de muchas pruebas, Chappe descubrió que a grandes distancias era más fácil distinguir ángulos en una vara que la presencia o ausencia de banderas o señales. Así que en cada torre se incluyó un mástil que tenía en su extremo superior pequeñas piezas de menor longitud llamados indicadores. Estos brazos, de 3 x 0,3 metros y de color negro, disponían de los contrapesos apropiados para poder ser operados sin esfuerzo mediante dos manijas.

Se creó un “diccionario” de posiciones validas para los brazos que constaba de 196 posiciones posibles. Cada una de las combinaciones de ángulos y brazos se asignaban a una letra, palabra o incluso una frase completa, lo que hacía posible transmitir mensajes relativamente largos en tiempos muy cortos.

Un operador entrenado podía “leer” unos 3 o 4 símbolos por minuto, y transmitirlos a la torre siguiente. Un mensaje podía recorrer unos 1380 kilómetros en una hora, la misma velocidad a la que hoy se desplaza un avión de pasajeros. Hace dos siglos, una velocidad semejante era algo totalmente revolucionario.

200 años antes de la llegada de internet, en 1792, se enviaron con éxito los primeros mensajes entre las ciudades de París y Lille, distantes 230 kilómetros, empleando 15 torres construidas por Chappe. Dos años más tarde, Paris recibió vía telégrafo óptico la noticia de la captura de Condé-sur-l'Escaut, menos de una hora después de ocurrido el hecho. Esto era algo completamente inédito en un mundo que demoraba días o semanas en conocer una noticia.

Este acontecimiento fue el detonante del éxito del sistema de Chappe. Se construyeron otras líneas, incorporando más ciudades francesas y también de países vecinos. De hecho, el sistema fue empleado por Napoleón para coordinar el imperio y el ejército. Se calcula que en 1793 ya existían más de 5000 kilómetros cubiertos por estas estaciones, las primeras en recibir el nombre de “Telégrafo”.

Recién en 1846 el gobierno francés adoptó un nuevo medio de comunicación: el telégrafo eléctrico. Si bien muchos intelectuales de la época advirtieron de la debilidad del nuevo sistema, ya que un cable telegráfico podía sabotearse simplemente cortándolo, el uso de la electricidad en las comunicaciones nunca sería abandonado.

Monumento a Chappé, inventor del telégrafo óptico, en París.
A fines del siglo XVIII, Francia estaba comunicada con este sistema .
Los brazos disponían de contrapesos para ser operados mediante dos manijas.


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