Comunicar pensamientos directamente de un cerebro a otro, a través de una máquina y sin ningún medio conocido de interacción, es una idea tan convincente a nivel curiosidad y entusiasmo científico, que la mayoría de la gente daría cualquier cosa con tal de experimentarlo. Ahora, este tipo de experiencias tienen un costo ético considerable, y por ello el Dr. Cristopher James decidió que probaría la primera comunicación cerebro a cerebro entre dos personas con alguien de mucha confianza y bajo su total consentimiento: su hija. Recientemente ha dado una lectura sobre cómo fue el procedimiento que llevó la ciencia ficción a la vida real y cómo ha avanzado desde entonces.
 
