Tu interlocutor está ahí, del otro lado de la mesa. De repente, su cara se transforma y te mira con ojos desorbitados, como haciendo una fuerza descomunal sin moverse de su asiento. Lo empiezas a sentir. Pasan 10 segundos y el dolor comienza. 15 segundos y ya no puedes respirar. 20 segundos: tu cabeza explota. Pensamientos que matan, mis amigos. Y no es ficción de los 80, es un invento que han mostrado unos hackers en Louisville Kentucky donde gracias a un casco EGG, un compresor de aire y pensamientos intensos puedes destruir una sandía con la mente.
 
