Emisor y receptor de infrarrojos, detector de inversión, pulsación con interacción, pulsador según presión, micrófono simple y reproducción inteligente de lo que va aprendiendo. Tanto que las agencia de inteligencia no lo dejaban entrar a sus oficinas. No hablamos de un dispositivo inteligente, sino de un peluche. Un peluche que vendió más unidades que muchas de las consolas de la época y cuya evolución fue tan extraña que ahora está por salir la tercera generación de Furby, con LEDs, más conectividad y con la misma inutilidad y sobrevaloración
de siempre. El regreso de Furby; preparen las billeteras.
 
