To bit or not to bit: ¡Revelan el secreto de la buena suerte!

To bit or not to bit: ¡Revelan el secreto de la buena suerte!

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Si te consideras una persona con poca suerte, ¿sabías que basta con seguir unas reglas básicas para revertirlo?

La gente siempre buscó la forma de atraer la buena estrella, históricamente relacionándolo con la magia. Ni hablar de evitar ciertas situaciones que pueden atraer la fatalidad, como comentábamos en esta misma sección, que siguen tan vigentes hoy en día como en la antigüedad.

La realidad es que la superstición no funciona. Y fue probado empíricamente.

Así es, amigos. Nada de largos y engorrosos cursos que cuestan un dineral. Nada de amuletos y talismanes y embrujos. ¡Conviértete en un suertudo por el módico precio de hacer click en esta nota!

En la entrega anterior de NeoTeo hablábamos de Richard Wiseman, un psicólogo seudofriki que realiza diferentes estudios de formas muy curiosas y sobre temas no habituales. Entre otras cuestiones, una de las que aborda es la de la buena o mala suerte. Wiseman, a través de diversos estudios de campo con pruebas comprobables, determinó cuatro principios básicos para transformarse en una persona con buena suerte (los que luego compilaría en su libro The Luck Factor):

1- Ejercitarse en crear y notar las oportunidades.

2- Tomar más decisiones basándose en la intuición.

3- Crear profecías autocumplidas teniendo expectativas positivas.

4- Tener la capacidad de transformar el concepto de la mala suerte en el de buena.

Como el tema es extenso, en el TBONTB de hoy nos centraremos en el primer item. Prometemos seguir con el resto en futuras notas.

LA SUERTE ES UNA CUESTIÓN ESTADÍSTICA

To bit or not to bit: ¡Revelan el secreto de la buena suerte!

Para los lectores de NeoTeo no es novedad la conocida teoría de los seis grados de separación o “experimento del mundo pequeño”, aquel estudio en donde se demuestra que, en promedio, no hacen falta más de cinco personas para que nos conectemos con cualquier otra persona en el mundo. Esta idea data del año 1930 y fue propuesta por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en uno de sus cuentos. Tiempo después, el sicólogo Stanley Milgram (más conocido por su experimento de obediencia a la autoridad), realizó un estudio por medio del cual demostró empíricamente esta teoría. Envió una carta a alrededor de 200 personas, a las que les pidió que colaborasen para que la misma le llegara a una “persona objetivo”. Los participantes no podían despachar la carta directamente al destinatario final; solamente podían enviarla a alguien de su conocimiento y que creyesen que a su vez podía conocer a esa persona objetivo. A cada receptor se le pidió lo mismo el que su vez sólo podía reenviar el correo a alguien de su amistad. De allí surgió el valor promedio de 6 grados de separación, lo que indica que el mundo es más pequeño de lo que suponemos.

Wiseman, tiempo después, repitió el experimento pero asociándolo a datos relacionados con la buena o mala suerte. Leamos un extracto de su libro “Rarología”:

“La gente afortunada afirma que tiene muchos encuentros casuales, y estos parecen tener un efecto notablemente beneficioso sobre sus vidas. Conocen a alguien en una fiesta, descubren que tienen conocidos en común y a partir de estas conexiones terminan casándose o haciendo negocios, por ejemplo. O, cuando necesitan algo, siempre parecen conocer a alguien que conoce a otro que puede resolver su problema. Por el contrario, la gente desafortunada rara vez dice tener estas experiencias.”

A partir de esto, el autor, junto a Roger Highfield, editor científico del Daily Telegraph, Emma Greening y otros periodistas y científicos desarrollaron un nuevo experimento, pero esta vez buscando correlaciones entre la suerte y los grados de separación:

“Les enviamos a cien voluntarios un paquete que contenía instrucciones junto con un juego de tarjetas postales y sobres. El propósito del experimento era asegurarse que el paquete hallase su camino hasta Katie Smith, una organizadora de eventos que trabajaba en Cheltenham. Se les indicó a los voluntarios iniciales y receptores subsiguientes que envíen el paquete únicamente a una persona de su amistad. También se les pidió que nos remitan una de las tarjetas postales, para poder seguir el itinerario de los paquetes mientras se movían por todo el país.

Hasta aquí, el esquema repetía el experimento de Milgram. Lo interesante surge del estudio adicional que se hizo para relacionar la cantidad de conocidos que posee una persona con la buena o mala suerte:

“[Además] le habíamos pedido a cada voluntario que calificara su nivel general de buena fortuna antes de comenzar. Treinta y ocho voluntarios no le enviaron su paquete a nadie, garantizando de este modo que nunca le llegaría a Katie. Curiosamente, la mayoría de estas personas se había calificado a sí misma como poco afortunada. Quisimos saber qué yacía detrás de este curioso comportamiento. Estos voluntarios se habían esforzado por asegurarse su participación en el estudio, pero luego lo abandonaron antes de cumplir la primera etapa. Les escribimos preguntando por qué no habían despachado el paquete. Sus respuestas fueron esclarecedoras: la mayoría dijo que no pudieron pensar en nadie a quien conocieran que estuviera en condiciones de contribuir a la entrega. En consecuencia, desde el comienzo parece que los participantes más afortunados conocían a muchos más receptores potenciales para los paquetes que los infortunados, y tuvieron mucho más éxito al enviarlos.”

La gente afortunada afirma que tiene muchos encuentros casuales, y estos parecen tener un efecto notablemente beneficioso sobre sus vidas.

Análisis más detallados encontraron una correlación entre la cantidad de reenvíos necesarios de los paquetes y el nivel percibido de buena o mala suerte de los participantes.

La suerte es una cuestion estadística.

Como bien afirman los investigadores, los resultados brindan un respaldo sustancial a la noción de que las personas con buena suerte viven en un mundo mucho más pequeño que la gente desafortunada y que esto, a su vez, contribuye a maximizar su potencial de tener encuentros «afortunados» durante su vida. Esto puede trasladarse a todos los ámbitos. Por ejemplo, es más fácil ganar un concurso si participamos en varios.

Ante estas informaciones tenderíamos a pensar que incrementar nuestras redes sociales en Internet estaría aumentando nuestro nivel de “buena fortuna”. Ya saben lo que pienso: una relación virtual no es más que la sombra de una relación real, y por lo tanto menos efectiva.

Así que, amigos, ¡abandonemos el encierro de nuestros cubículos hipertecnificados y lancémonos al mundo en busca de gente nueva para conocer, así aumentamos nuestra buena suerte! (Y no vale andar tonteando con gadgets por la calle).

Hagamos el esfuerzo por un momento de olvidarnos nuestros dispositivos en casa y veremos cómo un nuevo mundo se abre entre nosotros. Un nuevo mundo que algunos llaman “la realidad”.


Avatar de Gianni Sabbione
Autor: Gianni Sabbione Gianni Sabbione es editor literario, científico y músico. Como editor trabajó y trabaja en editoriales y medios internacionales de EE.UU., España y Latinoamérica. Es asesor en reorganización y automatización de áreas de IT e investigó en IA y redes neuronales. Es cantante de su banda, Machaca, y aprovecha su perfil en Neoteo para promocionarla (www.machacapoprock.com). Al menos hasta que se de cuenta el Sr. Director del sitio.