Un hombre cuadripléjico recupera el movimiento con implantes neurales

Un puente entre su cerebro, y el resto de su cuerpo

Ayer hablamos sobre la nueva iniciativa de Elon Musk que busca desarrollar una vía más directa de comunicación entre el cerebro humano y los ordenadores. Esa tecnología tiene el potencial para tratar condiciones muy complejas, y la mejor parte es que Musk no es el único trabajando en ella. La Case Western Reserve University creó una plataforma neural basada en dos implantes que permitió a un hombre mover su brazo, después de haber quedado cuadripléjico en un accidente de bicicleta ocho años atrás.

Imagina por un momento que has quedado paralizado en un accidente, y luego de ocho años puedes moverte otra vez. No importa que el movimiento sea parcial o limitado: Aquello que parecía perdido pudo ser restaurado. Ahora, traslada tu imaginación a todas aquellas personas que se encuentran en dicha situación hoy. ¿Qué no darían por ver reflejada esa restauración en sus propios cuerpos? ¿Por qué no pensar en un futuro que erradique a la silla de ruedas? En este punto es cuando hago mención de los exoesqueletos, aún lejos por diferentes razones, pero definitivamente dentro de nuestras posibilidades de desarrollo. Y después están las interfaces cerebrales. Invasivas, muy experimentales, y cada vez más efectivas. Si quieres una prueba de ello, te presento la historia de Bill Kochevar:

Bill Kochevar, 56 años. Quedó cuadripléjico ocho años atrás, en un terrible accidente de bicicleta. El daño en su médula espinal fue demasiado severo, y de los hombros hacia abajo, nada volvió a responder a sus órdenes. Un grupo de investigadores en la Case Western Reserve University presentó a Kochevar la oportunidad de probar una nueva plataforma experimental llamada BrainGate2. Con dos redes de electrodos implantadas en su cerebro, más electrodos en su brazo derecho y su mano, y un prolongado entrenamiento basado en tecnología de realidad virtual, Kochevar volvió a mover su brazo con apenas pensar en ello. También pudo beber agua sin ayuda, comer un pretzel y puré de papas.

Cuando sus padres le preguntaron si quería probar el sistema, Kochevar fue contundente en su respuesta: Alguien tiene que investigar. Si no se llevan a cabo estos procedimientos, «las cosas no se hacen». Los investigadores ven al BrainGate2 en su estado actual como una prueba de concepto que tiene mucho espacio para evolucionar, y deseamos que en un futuro no tan lejano pueda ayudar a aquellos que lo deseen.

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