Ciego, sordo y mudo debe estar el autista que crea que los ordenadores no se nos han equiparado paulatinamente en las cualidades más propias del humano, aquellas que nos dan razón de ser y le agregan sentido a nuestra existencia como un Todo identificado como humanidad. Todavía les falta, y espero que muchísimo, pero para darnos otra muestra de lo insignificantes que somos, unos científicos españoles desarrollaron un ordenador capaz de componer música clásica como si fuera uno de los tantos grandes músicos de la historia. Eso sí, Lamus compone a velocidades increíbles y nos pone a debatir sobre la música, el humano y el Universo en sí mismo.

Un ordenador capaz de componer música clásica
Un ordenador capaz de componer música clásica

La nueva herida narcisista

Por su complejidad, por lo que implica su escritura y su ejecución, por lo reservado de su público y porque, como en un buen vino, sólo los especialistas saben de qué está compuesto y lo bien que sabe, escuchar la mística cuasi sobrenatural de una gran pieza de música clásica produce un regocijo que en parte consiste en reconocer al humano como un ser capaz de lo más virtuoso, mientras por otro lado nos insisten mediáticamente en que sólo servimos para destruirnos mutuamente. Puede que ahora tengamos que añadir otra herida narcisista a la lista que dio y alimentó Freud, porque los científicos de la Universidad de Málaga han desarrollado un ordenador capaz de componer música clásica.

Lamus, el compositor biomimético

Se acabó la exclusividad y las malas copias: con el ordenador Lamus, los científicos de la UMA, del departamento de Inteligencia Computacional, han conseguido romper con la idea establecida de que sólo el humano tenía la sensibilidad y el prodigio necesarios para construir obras musicales que no guarden diferencias notables con las de autores humanos. El director del equipo, Francisco José Vico, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, ha contado que el proyecto actual está basado en la aplicación de técnicas biomiméticas y que de ahí viene la cercanía entre la teoría de la evolución darwinista, la genética y la informática. Con un lenguaje propio, el sistema ha podido dar una respuesta a la pregunta sobre la creatividad de las máquinas, es decir, una reformulación de la pregunta con la que Alan Turing fundó la Inteligencia Artificial.

Hasta ahora Lamus ha creado más de 800 partituras originales, y la forma de cotejar su “humanidad” es comparar un grupo de ellas con obras de reconocidos intérpretes de toda la historia. Como los resultados han sido positivos, y con unas velocidades de composición alucinantes (menos de 10 minutos para escribir una partitura de 5 minutos para un instrumento), a finales de año tendremos un disco con 10 partituras interpretadas por la London Symphony Orchestra, entre otros.

Preguntas incómodas

Por supuesto, la existencia de este Mozart binario ha creado debates alrededor del mundo sobre cómo una máquina que no piensa ni siente puede crear música que genera emociones en los humanos y que parece llevarlas incluidas en su cuerpo musical. ¿Esto qué quiere decir? ¿Qué la música es sólo matemática? ¿Qué los ordenadores sienten o que se pueden emular las emociones a un nivel muy alto? Así que eso. Los ordenadores componen música clásica, amigo. No somos tan especiales y encima vamos a morir; que tengas un lindo día.

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