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Antarctic Snow Cruiser: El «todoterreno» gigante abandonado en la Antártida

Parecía una buena idea al principio…


Antarctic Snow Cruiser

La exploración de la Antártida (y nuestra actual permanencia allí) demanda la mejor tecnología, especialmente en lo que se refiere a transporte. A principios del siglo XX, diferentes expediciones llevaron coches y trineos motorizados, pero ninguna de esas soluciones funcionó como se esperaba, debido a la hostilidad del entorno. La respuesta de Estados Unidos no fue otra más que pura fuerza bruta: En 1939, Thomas Poulter del Instituto Armour de Tecnología (hoy Illinois) creó al Antarctic Snow Cruiser, un monstruo de 17 metros de largo y 34 toneladas que finalmente conquistaría al continente blanco… en teoría.

Una buena parte del esfuerzo estadounidense en la Antártida se desarrolló gracias a la serie de bases conocidas como Little America. La primera de ellas fue establecida por el famoso explorador Richard E. Byrd (el mismo del controvertido «primer vuelo» sobre el Polo Norte) en 1929, y abandonada un año después. Byrd regresó a la Antártida en 1934, ocasión en la que casi perdió su vida (pasó cinco meses solo en una estación meteorológica, semienvenenado por el monóxido de carbono de una estufa), pero eso no fue suficiente para él. Todo estaba preparado para una tercera expedición, con un aliado muy importante: El gobierno de los Estados Unidos.

Hasta ese momento, las exploraciones antárticas eran (en general) iniciativas privadas, sin embargo, el interés estratégico por la Antártida se multiplicó con el aumento de la actividad nazi en la región (más precisamente, la expedición de 1938 y la creación de Nueva Suabia). Así quedó establecida la Expedición del Servicio Antártico de los Estados Unidos, con el apoyo de la Armada, el Departamento de Estado, el Tesoro, y el Departamento del Interior. Ahora, Byrd sabía bien que el transporte en el continente sería un factor fundamental. El explorador había tenido cierto éxito con el uso de pequeños tractores modificados (de hecho, le salvaron la vida en la segunda expedición), pero esta vez necesitaban algo mucho más avanzado y potente.



Byrd se apoyó en el conocimiento de Thomas Poulter, quien había sido su número dos en la expedición previa. Poultier comenzó a trabajar en abril de 1939 junto a la Fundación de Investigación del Instituto Armour de Tecnología (hoy Illinois), y presentó su visión a los oficiales unos meses más tarde: El Antarctic Snow Cruiser. 17 metros de largo, 6 metros de ancho, 34 toneladas completamente cargado.



Movimiento independiente de sus neumáticos, con un sistema de protección que los retraía hacia el chasis, usando el calor de los motores para mantener al caucho en condiciones. Configuración híbrida diesel-eléctrica con dos motores Cummins H-6 de 11 litros cada uno, y cuatro motores eléctricos de 220 kilovatios combinados. 13.300 litros de combustible diesel con sus dos tanques al máximo, 8.000 kilómetros de autonomía, un año de autosuficiencia para sus cinco tripulantes, y la posibilidad de llevar un pequeño avión en su lomo. En resumen, una mini ciudad con ruedas.


El crucero, saliendo de Chicago en octubre de 1939
Era tan ancho que algunos caminos apenas podían recibirlo, causando un caos de tránsito

Su construcción comenzó el 8 de agosto de 1939, y se extendió por once semanas. A fines de octubre, el Antarctic Snow Cruiser comenzó su viaje de 1.640 kilómetros desde el sur de Chicago hasta el muelle del ejército en Boston, y allí surgieron los primeros problemas. Una falla en el sistema de dirección lo hizo caer de un pequeño puente en Ohio, y permaneció tres días atrapado. Aún así, el crucero se las arregló para llegar a Boston el 13 de noviembre, y partir a bordo del USMS North Star dos días más tarde.


Tres. Días.

La pesadilla continuó con su llegada a la Antártida en enero de 1940. Bajar al crucero del barco fue un proceso caótico, que destruyó por completo la rampa de madera construida por los miembros de la expedición. Como si eso fuera poco, todas las celebraciones se vieron opacadas por un pequeño detalle: El Antarctic Snow Cruiser no podía moverse en la nieve. La bestia que supuestamente sería capaz de explorar cientos de miles de kilómetros cuadrados por sí sola, tenía un déficit masivo de tracción.


Nadie terminó muerto de casualidad…

Sus neumáticos había sido diseñados para terreno pantanoso, y los dos motores diesel demostraron ser insuficientes. Los técnicos instalaron ambos neumáticos de repuesto en la parte delantera, y colocaron cadenas en los neumáticos traseros, pero lo único que realmente sirvió para mover al crucero fue conducirlo en reversa, a una fracción de su velocidad máxima. El viaje más largo no superó los 148 kilómetros, y después de varios intentos, la expedición tiró la toalla: El Antarctic Snow Cruiser era un fracaso absoluto como vehículo de exploración, y sólo encontró cierta utilidad en el rol de laboratorio estático.


El sargento Felix Ferranto, operador de radio, trata de deshelar los motores eléctricos con una antorcha

Poultier regresó a los Estados Unidos el 24 de enero, mientras que la expedición completa permaneció allí poco más de un año. La orden de evacuación se completó en marzo de 1941. El ingreso de los Estados Unidos a la Segunda Guerra parecía inminente, y todos los fondos destinados a la exploración antártica fueron redirigidos a otras áreas. Desde un punto de vista científico, la Expedición del Servicio Antártico resultó un éxito, pero el abandono de equipo (incluyendo al crucero) fue importante.


El crucero, virtualmente descartado. 22 de diciembre de 1940.

El Antarctic Snow Cruiser fue localizado una vez más en 1946 durante la Operación Highjump, y por segunda y última ocasión en 1958 gracias a la intervención de una expedición internacional. Durante todos esos años, el crucero logró mantenerse en buenas condiciones, pero nunca hubo un esfuerzo legítimo por recuperarlo. Expediciones posteriores fallaron en encontrarlo, por lo que probablemente esté enterrado en la nieve, o en el fondo del océano debido al desplazamiento natural del hielo. Una extraña conspiración sugiere que la Unión Soviética se robó al crucero. ¿Habrá algo de cierto en ella? Sólo sabemos una cosa: El crucero, no está.


Fuente: The Atlantic



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Escrito por Lisandro Pardo

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