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El asesino de Virginia podría haber sido detectado a tiempo.

Varios científicos están dando grandes pasos en el entendimiento de la química y la genética del cerebro, con la esperanza de poder desactivar el comportamiento violento. La idea es evitar tragedias como masacre de la semana pasada en la universidad de Virginia. Como recordaran, un tirador coreano de 23 años (que vivía desde que era un niño en los Estados Unidos), mató a 32 personas antes de suicidarse, siendo ataque de este tipo el más mortal en historia de los E.E.U.U.

“No tengo dudas que si hubiésemos podido examinar su cerebro habríamos encontrado anomalías, y podríamos haber sugerido alguna terapia,” dijo el Dr. Allan Siegel, neurólogo e investigador de la universidad de la medicina de New Jersey (UMDNJ).

“Es posible que hubiésemos podido evitar esta masacre si lo hubiéramos tratado correctamente en un hospital,” agrego Siegel. La investigación clínica en animales, particularmente sobre gatos, en los últimos 40 años ha demostrado que hay zonas específicas en el cerebro ligado a la agresión y a la violencia, dijo.

La región delantera del cerebro, la corteza prefrontal, incluyendo el sistema límbico, parece desempeñar un papel importante en comportamiento violento, según el neurólogo. El asesino Charles Whitman que hizo fuego sobre 16 personas en la universidad de Texas en los años 60, tenía un tumor en el lóbulo temporal en la región del sistema límbico, dijo Siegel. La relación entre la corteza prefrontal y la violencia fue revelado por primera vez en 1848, en el caso de un trabajador de ferrocarril, Phineas Gage, cuyo cráneo fue literalmente empalado por una barra del hierro en una explosión. Phineas sobrevivo al accidente, pero debido al daño en su cerebro cambió radicalmente su comportamiento. Sus maneras, antes respetuosas y sensibles fueron substituidas por una personalidad impulsiva y agresiva.

Un estudio reciente demuestra que niños que sufren lesión a la corteza prefrontal antes de los siete años desarrollan un comportamiento anormal, caracterizada por una inhabilidad para controlar su frustración, cólera y agresión, según un artículo en Neuroscience. Los neurólogos creen que la región frontal regula y controla la agresión e impulsos violentos. Un estudio del cerebro de 41 asesinos encontró evidencias de este tipo en la mayoría de los casos.

En el caso del asesino de Virginia, una investigación médica también debería examinar si sufrió una deficiencia de serotonina en su sistema, dijo el neurologo Klaus Miczek. La serotonina es un neurotransmisor del sistema nervioso central. “Los bajos niveles se han asociado a varios desórdenes, y se ha investigado más que cualquier otro neurotransmisor. Esta asociado a la actividad violenta o agresiva,” agregó. “Un número de drogas, como el Prozac, han probado su eficacia en el control de los impulsos violentos por deficiencias de serotonina”, concluyó.

Todo este tipo de sugerencias es a menudo visto con recelo, dado que es muy difuso el límite existente entre la prevención de estos delitos, y la anulación (por error o conveniencia) de parte de la capacidad mental de individuos acusados de ser violentos.

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Escrito por Ariel Palazzesi

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