¿Alguna vez, mirando los bifes con patatas que estaban en tu plato, te preguntaste si un tiranosaurio Rex sería sabroso? ¿No? ¡Vamos! Que la paleontología gastronómica también se estudia en las universidades importantes. Así lo demuestra David Varricchio, que ha hecho una investigación sobre cuál sería el dinosaurio más delicioso y, especialmente, cuáles no serían nada degustables. La respuesta es bastante sencilla e intuitiva, pero el ejemplar escogido demandaría un esfuerzo considerable para cazar. Además del viaje del tiempo necesario.
No sé ustedes, pero yo me crié mirando programas y leyendo libros educativos que se titulaban Los dinosaurios más grandes; más vegetarianos; más altos, más rápidos; más mortíferos, etc. En la época en la que los leí, pasé varias horas al día ensoñando mi experiencia con ellos, e imaginaba lo que sería estar montado a uno de los más altos, ser perseguido por alguno de los más rápidos o hacerme encima cuando uno me tuviera a metros de distancia de convertirme en un bocado, pero que al final resultara vegetariano y me ignorase. Era niño y mi imaginación no estaba atada a facturas impagas y a conflictos existenciales. Menos vapuleada por el paso del tiempo, la imaginación del paleontólogo David Varricchio, de la Universidad del Estado de Montana en los Estados Unidos, parece bastante activa, ya que acaba de enseñarnos algo de gastronomía paleontológica con su informe sobre ¿Cúal sería el dinosaurio más delicioso?
La dieta define el sabor
Para comenzar con su estudio, el investigador realizó una exhaustiva investigación sobre las dietas que mantenemos actualmente y de qué animales surgen los cortes que consideramos más sabrosos en general. Como se sabe, gran parte del sabor de un corte de carne procede de su composición grasa, y la dieta de un animal contribuye significativamente a esta. Sin embargo, debido al gusto del consumidor promedio, que prefiere que la carne no tenga un sabor demasiado fuerte, para encontrar un corte sabroso es mejor saber con qué cosas no queremos que se alimenten nuestros futuros alimentos ni qué actividades no queremos que realicen. Por ejemplo, los dinosaurios que se alimentaban de animales marinos estarían definitivamente fuera del menú, no solo por su inherente sabor a pescado, sino también por la gran cantidad de aceite de pescado contenida, que haría a la carne más susceptible de oxidación. Y con ella, de un sabor rancio. Algo similar pasaría con los demás dinosaurios carnívoros, pues la forma de engullir a sus presas, el ejercicio que eso demanda y la carencia de grasas estáticas harían que perdieran sabor.
El plato principal de la prehistoria
La mayoría de la gente prefiere la carne que proviene de animales herbívoros —como ser vaca, venado, gallina, etc.— ya que la grasa animal que se encuentra en la dieta de un carnívoro tiene un sabor salvaje, propio de la caza y de la forma de hacerse con estos animales. Por esta misma razón, la dieta de los animales carnívoros prehistóricos podría resultar un poco retrasada en cuanto a sabores. Respondiendo la pregunta sobre cuál sería el dinosaurio más sabroso, Varricchio indica que los animales que pasaban mucho tiempo caminando, como los hadrosaurus, podrían ser unos de los más sabrosos gracias a sus carnes rojas. Los dinosaurios más portentosos podrían tener carne blanca en sus colas, que usaban para defenderse. Pero el plato principal, en una cena prehistórica, sería el cuello de los saurópodos, los animales más grandes que alguna vez caminaron sobre la Tierra. Con sus cuellos largos, de toneladas de peso, que usaban para alimentarse, sobraría carne roja para hacer un banquete, y encima sería deliciosa por la combinación de factores anteriormente mencionados. Así que si descubres el viaje en el tiempo y eres omnívoro, ya sabes qué cuello cortar.
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