Imagínate que un día cualquiera sales a la calle y comienzas a ver ranas cayendo sobre los coches, el asfalto y también sobre tu cabeza. Algunos podrían gritar que todo está perdido, pero lo cierto es que las lluvias de sapos, peces e incluso arañas (¡¿?!) no son imposibles. Aunque aún no se ha obtenido una confirmación sólida, la hipótesis más aceptada es que estos animales (y en especial aquellos de origen acuático) terminan en el aire a causa de las trombas de agua.
Un fenómeno con historia
Los reportes de animales que caen del cielo se remontan a la antigüedad. Plinio el Viejo documentó un «granizo de ranas», y una de las plagas de Egipto también estuvo compuesta de ranas (aunque técnicamente no aparecieron como lluvia). En los últimos 20 años se han registrado docenas de casos en todo el mundo. Gales, Inglaterra, India, Australia, Filipinas, Uruguay, Argentina, México, Brasil, Japón, Hungría, Estados Unidos… la geografía no es una limitación para estos eventos, y tampoco el tipo de animal. A veces son ranas o peces, y a veces… arañas. Pero antes de tomar el lanzallamas, lo correcto es buscar una explicación científica.
El 'ballooning' de las arañas
En el caso específico de las arañas, su caída del cielo se debe al llamado «vuelo arácnido» o «ballooning». El proceso consiste en colgarse de un punto alto y lanzar varios hilos de seda al aire, que actúan como «velas» cuando sopla el viento. Debido a la masa reducida del conjunto araña-hilo, las corrientes pueden mover a los insectos por cientos de kilómetros. ¿Por qué lo hacen? El ballooning es un recurso de escape ante catástrofes como inundaciones o incendios forestales. Por ejemplo, las inundaciones en Pakistán en 2010 provocaron un desplazamiento masivo de arañas mediante ballooning. Lo curioso es que este proceso tiene un perfil positivo (más allá de su potencial para arruinar cosechas), ya que las arañas controlan la población de ciertos insectos (por ejemplo, los mosquitos) y sirven de alimento a otros animales. ¿La buena noticia? El ballooning sólo es compatible con especies muy pequeñas o arañas recién nacidas. Nada de tarántulas voladoras. (...)
Ranas y peces: la intervención de las trombas
En cuanto a ranas y peces, encontrar una explicación contundente es más complicado, empezando por el hecho de que nadie ha sido testigo presencial del proceso. Las hipótesis más fuertes apuntan a la intervención de trombas de agua y tornados en general. La mayoría de las trombas no son muy poderosas (nunca van más allá de F0), pero las de origen tornádico cuentan otra historia. Recordemos que algunos tornados convencionales han movido piezas de metal hasta 80 kilómetros desde su origen, y varios de los eventos reportados coinciden con grandes tormentas y vientos. Lo que aún no se puede explicar es por qué afecta a «sólo ranas» o «sólo peces», y no se observa una mezcla de vida acuática. Tal vez el tamaño y el peso de los animales juegan un papel más crítico de lo que se cree, pero se necesita más información.