El Efecto Kaye es una propiedad que poseen los líquidos complejos y que puede desconcertar la primera vez que se observa. Este efecto, capaz de convertir un chorro de líquido que cae en otro que sube a su encuentro, fue descrito por primera vez en 1963 por el británico Arthur Kaye. Muchos líquidos domésticos, como los jabones de mano, los champús y la pintura líquida, tienen esta propiedad.

Efecto Kaye: Un experimento sencillo
Efecto Kaye: Un experimento sencillo

Los líquidos, que a menudo nos parecen tan sencillos y conocidos, esconden propiedades extraordinarias. Hemos hablado de los ferrofluidos y de cómo la maicena (harina de fécula de maíz) permite cosas tan extrañas como caminar por encima sin hundirte. Pero hay más, mucho más. Algunos líquidos comunes, como el champú o la pintura, tienen todas las características necesarias para dejarte con la boca abierta.

El descubrimiento de Arthur Kaye

En efecto, la mayoría de los líquidos viscosos —una categoría bastante amplia que incluye cosas tan dispares como la miel, la sangre y los aceites minerales— “sufren” del llamado Efecto Kaye. Arthur Kaye descubrió en 1963 que, cuando una de estas sustancias cae sobre un recipiente, tiende a formar una especie de columna debido a que la velocidad con la que se aporta líquido es mayor que la velocidad con la que se desparrama por el fondo del contenedor a causa de su alta viscosidad.

En algún momento, y durante periodos de tiempo muy cortos (menores a una tercera parte de un segundo), dentro de esa columna se forman concavidades que hacen que el chorro de líquido que cae se desvíe nuevamente hacia arriba.

A medida que se sigue vertiendo más líquido, este chorro ascendente se hace cada vez más vertical hasta que, inevitablemente, choca con el que cae. En ese momento, todo vuelve a la “normalidad” y el ciclo comienza a empezar.

Lo corto de la duración de este fenómeno hace que muchas veces pase desapercibido, pero filmando el evento con una cámara de alta velocidad —como en los vídeos que acompañan este artículo— puede apreciarse la belleza detrás del caos.