Los agentes de IA pueden convertir una sola petición en cientos de llamadas internas al modelo. Ese trabajo adicional aumenta la demanda de cómputo y abre una pregunta que va más allá del precio de los servidores: quién paga las ampliaciones de la red eléctrica que necesitan los centros de datos. El reparto depende de los contratos y las reglas de cada sistema eléctrico; no existe un recargo universal para todos los hogares.
La expansión de la IA está haciendo más difícil separar el coste privado de la infraestructura del coste público del sistema que la sostiene. Los agentes de IA añaden otra vuelta de tuerca: una petición aparentemente sencilla puede desencadenar cientos de llamadas internas al modelo.
El coste de un centro de datos no es una sola cifra
Hay cuatro bolsas de gasto que conviene mantener separadas:
| Capa de coste | Qué incluye | Por qué importa |
| Construcción y capacidad de cómputo | Servidores, aceleradores, memoria, almacenamiento y red interna | Suele concentrar la mayor parte de la inversión directa en instalaciones de alta densidad |
| Instalación física | Terreno, edificio, subestaciones, distribución eléctrica, generadores y refrigeración | Determina qué infraestructura hace falta antes de poner a trabajar los servidores |
| Operación | Electricidad, mantenimiento, impuestos, agua, personal y sustitución de equipos | Convierte la inversión inicial en un coste recurrente durante toda la vida del centro |
| Sistema y comunidad | Red de transporte y distribución, capacidad de respaldo, suelo, agua, ruido y empleo local | Puede trasladar parte del impacto fuera de las cuentas de la empresa |
CapEx es el gasto en activos de capital, como servidores o edificios. OpEx son los gastos operativos, como electricidad, mantenimiento y personal. La confusión aparece cuando una cifra mezcla el coste de construir la instalación con el coste anualizado de esos activos o con el gasto de mantenerlos funcionando.
Por qué los agentes de IA cambian la escala
Un chatbot tradicional puede responder a una petición con una única cadena de procesamiento visible para el usuario. Un agente de IA puede dividir esa tarea en muchas subtareas, lanzar nuevas instrucciones internas y repetir el ciclo durante más tiempo. Construir una web, por ejemplo, puede implicar generar páginas, menús, datos y correcciones en varias rondas.
Eso no permite asignar un consumo eléctrico universal a cada petición. El coste depende del modelo, la duración, el hardware, la utilización del centro y la tarea concreta. Sí cambia, en cambio, la forma de calcular la demanda: contar consultas de usuarios ya no basta cuando una sola petición puede activar muchas operaciones internas.
Un experimento de OpenAI descrito en la cobertura especializada reunió a más de 10.000 agentes y 2,7 millones de mensajes. La cifra sirve para mostrar la escala potencial de estos flujos de trabajo, no para convertir su coste estimado en una tarifa aplicable a todos los agentes.
Qué incluyen los modelos de 1 GW
Un modelo de Epoch AI para un centro de datos de Estados Unidos con 1 GW de capacidad nominal de los equipos informáticos calcula aproximadamente 38.000 millones de dólares de inversión inicial y 8.500 millones de dólares de coste anualizado total. El cálculo asume una utilización del 71 % y una efectividad del uso de la energía —PUE— de 1,14. Ese 1 GW no equivale a un consumo real y continuo de 1 GW, y el modelo no incluye la infraestructura externa.
Dentro de su estructura anualizada, los servidores representan 5.021 millones de dólares, la instalación 1.387 millones, la red 1.167 millones y la energía 594 millones. También aparecen impuestos, mantenimiento, personal, obras de la compañía eléctrica, terreno y agua.
Otra estimación para una instalación de 1 GW asigna el 39 % del capital a las GPU, el 13 % a la red, el 11 % al terreno y los edificios y el 10 % a la distribución eléctrica. Es un modelo distinto, construido sobre otros supuestos de hardware y presupuesto. Por eso no conviene sumar sus porcentajes a las cifras anualizadas anteriores ni presentarlos como un precio universal por gigavatio.
La conclusión útil es menos espectacular, pero bastante más importante: los aceleradores son una parte enorme de la inversión, pero no sustituyen al edificio, la red, la refrigeración ni la electricidad.
Cuándo la red eléctrica entra en la factura
Un centro de datos que funciona de manera intensa y continua no solo compra electricidad. También puede requerir nuevas líneas, subestaciones, capacidad de generación y sistemas de respaldo. Cuando varias instalaciones compiten por capacidad en una misma región, los mercados eléctricos pueden encarecerse y las inversiones de red pueden repartirse entre distintos clientes, según las reglas locales y los contratos firmados.
Eso describe un mecanismo de costes, no un recargo idéntico para cada hogar. El precio final de la electricidad tiene más de un factor y no puede atribuirse automáticamente a un centro de datos concreto.
El laboratorio nacional Lawrence Berkeley proyecta para 2030 un consumo de todos los centros de datos de Estados Unidos de 649 TWh, equivalente al 11,8 % de la electricidad del país en su escenario de referencia. El rango de escenarios va de 521 a 843 TWh, o del 9,5 % al 15,3 %. Son proyecciones para el conjunto de los centros de datos, no una medición del consumo actual ni una previsión exclusiva para la IA.
Empleo local y costes comunitarios
La construcción y la operación no generan necesariamente el mismo tipo de empleo. Pilar Thomas describió un patrón representativo de 600 trabajadores de construcción durante seis, 12 o 18 meses, seguido por un equipo operativo mucho menor. Es un ejemplo de la diferencia entre empleo temporal y puestos permanentes, no una plantilla universal para todos los centros.
El impacto local tampoco se reduce a los salarios. La ubicación puede implicar nuevas carreteras, líneas eléctricas, consumo de agua, ruido, terreno industrial y presión sobre la red. Para valorar un proyecto concreto hay que preguntar quién financia cada ampliación, qué empleo queda cuando termina la obra y qué medidas de refrigeración y agua se han comprometido.
Odense convierte parte del calor en calefacción
El proyecto asociado al centro de datos de Meta en Odense muestra una forma concreta de aprovechar parte de la energía térmica. La planta de bombas de calor produce aproximadamente 45 MW de calor y eleva su temperatura hasta 70–75 °C para incorporarlo a la red de calefacción urbana.
La clave no es solo disponer de calor residual. El centro debe estar cerca de una red suficientemente grande para recibirlo. En Odense, la proximidad a esa infraestructura hace viable el sistema; en un emplazamiento aislado, la misma solución puede no tener un receptor útil. Además, recuperar calor no elimina por sí solo el coste de los servidores, la electricidad, la refrigeración o la conexión a la red.
Qué cubre la política de Anthropic
El 11 de febrero de 2026, Anthropic publicó una política en la que se compromete a cubrir el 100 % de las ampliaciones de red necesarias para conectar los centros de datos que desarrollan para sus propias cargas de trabajo. También plantea contratar nueva generación y abordar los efectos de la demanda sobre los precios de la electricidad cuando esa generación no esté disponible.
La política distingue entre centros de datos nuevos y capacidad alquilada en instalaciones ya existentes: para esta última, Anthropic dice que está estudiando medidas adicionales. Es, por tanto, un compromiso empresarial con un alcance concreto, no una prueba de pagos ya completados ni una garantía de ahorro para los consumidores.
Tampoco cubre automáticamente todos los problemas asociados a un centro de datos. La red, el empleo, el agua, el ruido y el calor reutilizable requieren soluciones distintas.
¿Pueden los reactores modulares resolver la demanda ahora?
Los reactores modulares pequeños podrían aportar electricidad baja en carbono en determinados escenarios, pero no son una solución inmediata para cualquier emplazamiento. El 29 de mayo de 2025, la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos aprobó el diseño estándar US460 de NuScale para que pueda referenciarse en futuras solicitudes de permisos de construcción y operación. Esa aprobación de diseño no es una licencia para operar una planta concreta.
Mientras tanto, la disponibilidad de generación, la conexión a la red y los plazos de construcción siguen siendo restricciones independientes. Cambiar una fuente de energía no elimina automáticamente la necesidad de dimensionar la distribución, la refrigeración y el resto de la instalación.
Qué conviene mirar en el próximo proyecto
Para comparar un nuevo centro de datos de IA sin caer en cifras de escaparate, hay que comprobar cinco cosas:
- Alcance del presupuesto: si incluye servidores, edificio, conexión exterior y operación, o solo una parte.
- Condición eléctrica: capacidad nominal, utilización prevista, PUE y consumo real esperado no son sinónimos.
- Reparto de la red: quién paga las líneas, subestaciones, generación y capacidad de respaldo.
- Resultado local: cuántos empleos son de construcción y cuántos permanecen durante la operación.
- Uso de recursos: qué ocurre con el agua, la refrigeración y el calor cuando existe una red cercana que pueda aprovecharlo.
La gran pregunta sobre los costes de la IA no es simplemente cuánto cuesta levantar un edificio lleno de servidores. Es quién paga cada capa de la infraestructura y qué queda en la comunidad cuando la obra termina. Los agentes de IA pueden aumentar la demanda de cómputo; los modelos muestran que servidores, red, energía y refrigeración ya forman una factura de decenas de miles de millones en ciertos escenarios; y proyectos como Odense demuestran que una parte del impacto puede reutilizarse, pero solo cuando la ubicación y la red lo permiten.