Los científicos coreanos están felices: en el Instituto Nacional de Fusión Nuclear han desarrollado un reactor de fusión nuclear del tipo Tokamak, basado en superconductores. Lo han bautizado KSTAR, y su modo de funcionamiento es similar al del De Lorean de “Volver al futuro”: convierte materia en energía, lo mismo que ocurre en el corazón de una estrella, pero en la Tierra.

KSTAR, un sol artificial en Corea
KSTAR, un sol artificial en Corea

Fisión y fusión nuclear

La fisión nuclear ocurre cuando un núcleo se divide en dos (o más) núcleos más pequeños. También se producen algunos “residuos”, como neutrones libres, rayos gamma, partículas alfa y beta, etc. Es el tipo de reacción que produce electricidad en los reactores nucleares desde hace décadas. Estos reactores requieren materiales fisionables peligrosos para funcionar, como el uranio.

Pero en la naturaleza, la energía nuclear se expresa de otra forma. En lugar de dividirlos, las estrellas crean átomos nuevos (y más grandes) a partir de los más pequeños, como el hidrógeno o el helio. El núcleo de los átomos creados tiene una masa inferior a la suma de las masas de los núcleos que se han fusionado para formarlo. Allí reside el secreto de la fusión nuclear: la diferencia de masa se libera en forma de energía.

La energía que se libera depende de varios factores, pero se rige por la fórmula E = mc², donde “m” es la diferencia de masa mencionada y “c” es la velocidad de la luz. Dado que esta velocidad es enorme (300.000 km/s), pequeñísimas cantidades de masa proporcionan enormes cantidades de energía. Por ello los científicos han buscado durante más de medio siglo la forma de construir un reactor de este tipo.

El desafío del confinamiento

El problema más difícil de resolver es la construcción del “envase” en el que se va a llevar a cabo la reacción. Dado que las temperaturas implicadas se miden en millones de grados, no existe un material que pueda soportar semejantes exigencias. Afortunadamente, pueden confinarse las partículas mediante campos magnéticos muy potentes, creando una especie de “botella magnética” que contiene en su interior la reacción nuclear.

KSTAR, la estrella de Corea

Lo que han logrado los coreanos es, nada más ni nada menos, que llevar estas ideas a la práctica. Básicamente, han construido un toroide (una forma geométrica similar a una rosquilla), cuyas paredes son principalmente un potentísimo campo magnético, y han acelerado dentro de él partículas elementales hasta velocidades cercanas a la de la luz. Cuando estas partículas se chocan, se fusionan. Por supuesto, esto es una visión MUY simplificada de lo que ocurre en el interior del reactor.

En el Instituto Nacional de Fusión Nuclear han llevado todo esto a la práctica, construyendo el KSTAR. La sigla del dispositivo incluye la “K” de Corea y “STAR” por estrella, en alusión a la relación entre este dispositivo y la forma en que “funciona” un sol. Realmente, se trata de la estrella de Corea. El proyecto, que el Instituto mencionado comenzó hace 12 años, finalmente se puso en marcha el 13 de junio de este año.

El video muestra aspectos de la construcción del reactor:

Un primer paso prometedor

El reactor de fusión nuclear KSTAR funcionó durante 249 milisegundos. Durante ese lapso, el plasma caliente de su interior llegó a los dos millones de grados y generó una corriente de cien mil amperios. Si el número no te dice nada, ten en cuenta que una lamparita incandescente consume solo unos 0.25 amperios.

Hay muchos ensayos por hacer, pero lo interesante de este tipo de reactor consiste en la promesa de una energía totalmente limpia, sin emisión de radiaciones ni producción de gases de efecto invernadero. Otro factor importantísimo es que no se necesita un combustible exótico para hacerlo funcionar. Basta con el deuterio o el tritio, que se extraen del agua del mar.

Debido a estos beneficios ecológicos, siete naciones industrializadas (entre ellas, Estados Unidos, Japón, la Unión Europea y Corea del Sur) decidieron, en 1988, desarrollar conjuntamente esta forma de generar energía, prácticamente infinita y completamente segura. KSTAR es el primer paso, que deberá demostrar la viabilidad de la fusión nuclear y su prometedor uso para mover al mundo.

249 milisegundos pueden parecer muy poco tiempo, pero en términos atómicos es una verdadera eternidad. Es muy posible que, gracias a las experiencias obtenidas mediante el KSTAR, en poco tiempo disfrutemos finalmente de un nuevo tipo de energía.