La sonda espacial que analizará las moléculas contenidas en el agua presente en el permafrost marciano llegó anoche a Marte. Se posó exitosamente en su polo norte tras recorrer 679 millones de kilómetros, decidida a averiguar si hay o hubo vida en el planeta rojo.
La NASA bautizó a esta nave espacial como Mars Phoenix Lander. Tiene un hardware “mellizo” al de la Mars Polar Lander, que en 1999 perdió comunicación con la Tierra al llegar a Marte. Los ingenieros de la agencia espacial norteamericana confiaban en ese diseño, y tenían razón: finalmente, el pequeño robot se posó sobre el planeta rojo después de un viaje de 679 millones de kilómetros.
Un viaje impecable
La misión, que comenzó hace diez meses con el lanzamiento desde la Tierra, costó 420 millones de dólares y realizó un viaje espacial impecable. El punto de mayor tensión para los controladores de la NASA llegó cuando, después de atravesar la delgada atmósfera del planeta, la Phoenix se convirtió en la primera nave espacial en aterrizar con éxito en una de las regiones polares de Marte. Eran las 16:53 hora del Pacífico (23:53 GMT).
Barry Goldstein, Ed Sedivy y Peter Smith, miembros del equipo del centro de control de la NASA, expresaron su alegría por el éxito de la misión. Y tenían motivos: la Mars Phoenix Lander se desplazaba por el espacio a una velocidad de 20.400 kilómetros por hora, pero al entrar en la atmósfera marciana fue capaz de soltar un paracaídas y activar cohetes propulsores que le permitieron descender lentamente hasta el suelo. Esta maniobra requirió que 26 rutinas de software realizaran otros tantos ajustes a bordo de la nave.
Una misión para buscar vida
La Mars Phoenix Lander, al contrario que los robots Spirit y Opportunity, que desde el 2004 recorren (y fotografían) la superficie de Marte, carece de ruedas y no podrá moverse del punto en que se posó. Esto no es un impedimento para que pueda llevar a cabo su misión, que consiste en averiguar si en Marte existen (o han existido) las condiciones propicias para que la vida pueda desarrollarse. Aunque no tiene como objetivo la búsqueda directa de microorganismos extraterrestres, sí buscará evidencias de su existencia.
El laboratorio incluido a bordo de la Phoenix se encarga de calentar, en un “horno” alimentado por energía solar, las muestras recogidas del subsuelo marciano hasta convertirlas en un gas más fácil de analizar por la multitud de sensores de que dispone. Luego, transmitirá a la Tierra la lista de moléculas que contiene.
El agua de Marte
Sabemos que en Marte hoy el agua sólo se encuentra en forma de gas atmosférico y como hielo en los polos. No obstante, hay evidencias geológicas de que hace miles de millones de años fluía en ríos y lagos. Los análisis de la Phoenix ayudarán a que los científicos puedan comprender qué pasó con ese volumen de agua, de qué manera se distribuía por el planeta y, sobre todo, por qué dejó de existir en estado líquido.
Los científicos sospechan que hasta hace unos 100.000 años existía agua líquida en el polo norte, lo que en términos geológicos es una época muy reciente. Dada la relación directa que existe entre el agua líquida y la vida, ese punto se convirtió en el lugar ideal para el descenso de la Mars Phoenix Lander.
Un descenso sin airbags
La Phoenix fue diseñada aprovechando muchas de las piezas de la misión que fracasó en 1999 y, a diferencia de las últimas sondas enviadas a otros planetas, no estaba dotada de esos “airbags” enormes destinados a suavizar el impacto contra la superficie. Tal como ocurría con las sondas Viking de la década de 1970, utilizó propulsores jet para bajar lentamente hasta la superficie y aterrizó sobre sus patas. Hacía 32 años que una nave no descendía de esa manera.
Vía Disfruta de la