Es fácil pensar que el cambio climático es un problema reciente, surgido en las últimas décadas. Pero un encendido debate entre Thomas Jefferson y Noah Webster en 1799 demuestra que ya entonces se discutía sobre los efectos de la actividad humana en el clima, como la agricultura intensiva. Más de dos siglos después, seguimos debatiendo los mismos temas.
Problemas como la adicción a los videojuegos o la preocupación por la calidad de los alimentos que consumimos parecen típicos de nuestra era. La atención que despierta el llamado “cambio climático” puede parecer un fenómeno reciente, pero no lo es.
En 1799, más de dos siglos antes de que las portadas de los periódicos se ocuparan del calentamiento global, se produjo en los Estados Unidos un intenso debate entre dos personalidades conocidas: Thomas Jefferson, entonces vicepresidente del país y más tarde presidente, y Noah Webster, un periodista político y experto en temas científicos. Webster acabaría siendo reconocido como uno de los responsables del sistema educativo estadounidense. En ese debate se trataron los problemas del calentamiento global, ya que Jefferson había registrado preocupantes aumentos de temperatura en algunas regiones.
Jefferson tenía una buena formación científica y era aficionado a la climatología. Desde el 1 de julio de 1776 había registrado en un cuaderno la temperatura y los principales parámetros climáticos de Virginia. Se había propuesto registrar la temperatura al menos dos veces al día durante cincuenta años, y muchos lo consideraban un experto, llegando incluso a escribir libros sobre el tema. En 1799 se desarrollaron reuniones para elaborar el texto de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, y Jefferson era uno de los oradores.
Durante su discurso, Jefferson mencionó las consecuencias de las acciones del hombre sobre el clima y cómo había cambiado la temperatura en los últimos años. Expuso que las nevadas eran cada vez menos duraderas y copiosas, y que algunos ríos que años atrás se congelaban todos los inviernos ahora solo lo hacían ocasionalmente.
Se está produciendo un cambio en el clima, de forma notoria. Los inviernos son mucho más moderados. Las nieves son menos frecuentes y menos copiosas. A menudo, no se encuentran por debajo de la montañas, más de uno o dos días, y muy rara vez una semana.
“Se está produciendo un cambio en el clima, de forma notoria. Los inviernos son mucho más moderados. Las nieves son menos frecuentes y menos copiosas. A menudo, no se encuentran por debajo de la montañas, más de uno o dos días, y muy rara vez una semana”, explicaba el vicepresidente. “Los ancianos me cuentan que la tierra solía estar cubierta de nieve unos tres meses al año y los ríos, que rara vez no se congelan durante el invierno, ahora casi nunca lo hacen.Este cambio ha producido una fluctuación entre el calor y el frío, en la primavera de este año, lo cual es fatal para las frutas”, agregaba.
Por su parte, Webster, famoso por su escepticismo, enfrentaba a Jefferson, acusándolo de emplear datos carentes de rigor científico y minimizando el problema. “La roturación de bosques para convertirlos en campos de cultivo ha dado lugar a algunos cambios microclimáticos, más ventoso y alguna variación en las condiciones climatológicas en el invierno. Pero aunque la nieve no permanezca en el suelo, no significa necesariamente que el país en su conjunto reciba menos nieve cada invierno. Tenemos, en los campos de cultivo, hoy en día la nieve profunda, y mañana no, pero la misma cantidad de nieve que cae en el bosque, se encuentra allí hasta la primavera” decía Webster.
De alguna manera, los argumentos del escritor se parecen a los que muchos emplean hoy, más de doscientos años más tarde, para sostener prácticas que, aunque económicamente atractivas, resultan destructivas para el planeta. A pesar de su postura contraria a Jefferson, reconoció que regionalmente se producían cambios en las temperaturas registradas, que a la larga modificarían el clima local.
La historia cuenta que los argumentos de Webster fueron más poderosos, convenciendo a los presentes de desestimar lo expuesto por Jefferson. Lejos de amilanarse, el que dos años más tarde presidiría los Estados Unidos continuó registrando minuciosamente los cambios climáticos incluso en su vejez, aunque nunca volvió a enfrentar a Webster públicamente.