Según informó Tom’s Guide el 5 de noviembre de 2026, Satvir Kaur, ministra británica de Protección, dijo que el Gobierno del Reino Unido estudiaba restringir el uso de gafas inteligentes en ciertos entornos y limitar su venta a determinados usuarios. La noticia describía medidas en consideración, no una prohibición nacional aprobada.

Qué medidas se estaban considerando

La preocupación citada era la grabación encubierta. La diputada Anne Sabina afirmó que algunas mujeres habían descubierto en internet vídeos grabados sin su conocimiento ni consentimiento con gafas inteligentes. Kaur también señaló que estos dispositivos podían ayudar a personas con discapacidad visual a orientarse.

Las reglas de los locales abordaban conductas distintas

En un artículo publicado el 6 de agosto de 2026, The Guardian describió varias políticas de establecimientos británicos. Tim Martin, director ejecutivo de Wetherspoons, dijo que en sus pubs no se debía grabar a clientes ni empleados sin permiso y que quienes llevaran las gafas debían apagar las cámaras. Soho House dijo que no permitía filmar en sus locales y que las gafas no eran una excepción. ATG Theatres, por su parte, señaló que pediría a quienes las llevaran durante una función que se las quitaran.

Las posturas de otros restauradores también diferían. Jeremy King dijo que los clientes no debían llevar gafas de grabación en sus locales; Tom Kerridge afirmó que no tenía objeciones a que se usaran en sus pubs y restaurantes.

Llevar las gafas y grabar con ellas eran conductas distintas en las políticas descritas.

La accesibilidad también entraba en el debate

Kaur reconoció que las gafas inteligentes podían ayudar a las personas con discapacidad visual a orientarse. Esa consideración convivía con la preocupación por las grabaciones sin consentimiento en la discusión sobre posibles restricciones.