Tenía avena que se estaba por vencer (si es que es posible que la avena expire), así que me hice unas galletitas de avena. Me quedaron exquisitas y me las comí todas mientras buscaba las imágenes para esta columna. Ahora descansan en mi panza y solo siento culpa, porque la avena engorda mucho y ya estoy demasiado obeso. Hoy no ceno. Lo que sí voy a hacer es publicar el Tiradero Visual. Algo es algo. Espero que tú disfrutes del Tiradero tanto como yo las galletitas, pero sin tanta culpa. Un abrazo.
Jaula de Faraday voladora